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"Basta de pronunciamientos y de maltratos, basta de juegos electorales y politiqueros, basta de acciones denigrantes"
El fenómeno migratorio, por el que masas de población se desplazan de su lugar de origen a otro, en búsqueda de mejores condiciones de vida y con la intención de establecerse temporal o permanentemente, ha ocurrido a lo largo de toda la historia de la humanidad, en todos y hacia todos los rincones de la tierra. Es un asunto complejo en el que confluyen múltiples causas y características, tanto en el mundo como en los Estados Unidos de Norteamérica.
Las migraciones humanas ocurren por atracción de los sitios de destino o expulsión de los de origen y tienen un impacto global, tanto en las sociedades donde se origina el éxodo como en la sociedad que recibe a quienes migran. Hoy, la complejidad del fenómeno migratorio ha aumentado y se ha desbordado con nuevos factores a tener en cuenta como el cambio climático y nuevos y crecientes conflictos de tipo geopolítico.
En 2022, la población de inmigrantes recientes en los Estados Unidos alcanzaba el 14% de la población. Se trata de una enorme cantidad de personas, de muy diversa procedencia, en búsqueda de seguridad y estabilidad económica y social y, en muchos casos, de reunificación familiar.
Desde la presidencia de R. Reagan, cuando en 1986 otorgó amnistía a casi tres millones de migrantes indocumentados, con la “Ley de control y reforma de la Inmigración” (IRCA, su sigla en inglés) han pasado ya cuarenta años en los que sucesivas campañas políticas y gobiernos, con rotación de los dos partidos tradicionales de esta nación, se han aprovechado del tema migratorio con fines electorales, se han burlado y han jugado con la esperanza de multitudes y no han resuelto de manera eficaz y definitiva la situación de millones de migrantes que trabajan honradamente, aportan su fuerza laboral al progreso de los Estados Unidos, pagan impuestos, pero viven a la sombra y sin poder gozar de plenos derechos, seguridad, protección y oportunidades ciudadanas.
Todo lo cual nos ha conducido a nuestra situación actual: un sistema migratorio fallido y roto, con un gobierno que triunfó electoralmente bajo la premisa de solucionar, de una vez por todas, el asunto migratorio. Pero el remedio – hasta ahora - ha resultado peor que la enfermedad. Porque las disposiciones gubernamentales han consistido en la deportación insensible e indiscriminada de todo el que no cumpla con los rasgos del fenotipo de la cultura dominante (rubio, ojos azules, alto, etc.)
Se trata de expulsiones masivas, sin contemplaciones, precedidas y acompañadas de discursos de odio, de racismo, de prejuicios, de todo tipo de maltrato e ignominia, hacia cárceles de países distintos al país de origen de los deportados, mediante la violación de procesos legales y de derechos elementales, fundamentales y civiles de los expulsados.
Es verdad que toda nación tiene el derecho de proteger sus ciudadanos y que entre las ingentes masas de población migrante que han ingresado al territorio de los Estados Unidos, han llegado desadaptados sociales, personas que mienten, que abusan, se aprovechan, engañan, defraudan y desfalcan programas de asistencia social gubernamental, personas violentas que han delinquido y, con ello, han cambiado la regla, el perfil y la tradición de la inmensa mayoría de migrantes: hombres y mujeres honestos y trabajadores, siempre dispuestos a dar lo mejor de sí por la nación que los recibe.
Pero la solución contra los pocos farsantes y violentos no puede ser la violencia de un gobierno petulante y avasallador que reprime indiscriminadamente y que, por ello, atenta contra inocentes y contra la inmensa mayoría de inmigrantes que le hacen y le han hecho tanto bien a los Estados Unidos, durante tantas décadas.
Frente a tales procedimientos gubernamentales nos preguntamos: ¿Dónde están y dónde quedan los valores y principios del Evangelio que, en esta nación, profesamos los “cristianos”, la inmensa mayoría de los habitantes de los Estados Unidos? ¿Dónde quedan el perdón, la compasión y la solidaridad fraterna?
Contra estos desmanes y despropósitos, contra estos atropellos y excesos, estos desafueros e insensatez, esta violencia y barbarie en las decisiones y comportamientos de los entes gubernamentales contra los inmigrantes, se ha pronunciado – en muchas y diversas ocasiones - la Conferencia Nacional de los Obispos Católicos de los Estados Unidos, en una permanente defensa y apoyo a los inmigrantes, contra las acciones ejecutivas, llamando al apoyo legal, a la solidaridad, a la compasión, al encuentro y a la reforma migratoria, criticando las políticas que vulneran las acciones humanitarias, reafirmando la labor evangelizadora de la Iglesia como una “obra de misericordia”.
"Como humanista y como cristiano me uno al clamor de los obispos católicos de esta nación y creo hacerme eco de millones de migrantes, quienes, por muchos años, con honradez, grandes cuotas de sacrificio y de trabajo, hemos construido la grandeza de esta nación"
Como voceros de esta postura de la Conferencia de los obispos católicos de los Estados Unidos, destaco la labor y mensajes recientes de los arzobispos Thomas G. Wenski y Timothy P. Broglio, presidente de dicha Conferencia, quien, el pasado 16 de junio, dijo: “Como pastores suyos, sus temores hacen eco en nuestro corazón y sentimos su dolor como nuestro. Cuenten con el compromiso de todos nosotros de acompañarlos en estos momentos difíciles”.(Cfr. Página web de la USCCB)
Como humanista y como cristiano me uno al clamor de los obispos católicos de esta nación y creo hacerme eco de millones de migrantes, quienes, por muchos años, con honradez, grandes cuotas de sacrificio y de trabajo, hemos construido la grandeza de esta nación.
Las soluciones a los complejos problemas que nos plantea el fenómeno migratorio en Estados Unidos requieren un enfoque integral, multifacético y equilibrado, que tenga en cuenta las causas profundas de la migración como sus impactos en el país de destino. Se trata de un sistema de estrategias que aborden temas tales como: la seguridad fronteriza, asuntos legales y reforma migratoria, cooperación internacional, especialmente de los países de origen y de los organismos internacionales, ayuda humanitaria, lucha contra redes de trata de personas, integración en la sociedad y en la nueva cultura por parte de los inmigrantes y políticas gubernamentales que reconozcan el valioso aporte de los inmigrantes a la sociedad norteamericana.
"Esta nación debe su presente al glorioso pasado que hicieron posible los inmigrantes venidos de todas partes. Basta de pronunciamientos y de maltratos, basta de juegos electorales y politiqueros, basta de acciones denigrantes y fallidas contra los inmigrantes"
Todos sabemos que esta nación debe su presente al glorioso pasado que hicieron posible los inmigrantes venidos de todas partes. Basta de pronunciamientos y de maltratos, basta de juegos electorales y politiqueros, basta de acciones denigrantes y fallidas contra los inmigrantes. Todos merecemos respeto y justicia, especialmente en la nación que se jacta de ser estandarte y modelo de democracia y de respeto a los derechos humanos en el mundo.
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