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Ante los sucesivos brotes de violencia y racismo
Que la violencia está creciendo en algunos lugares parece ser un hecho, que algunos responsables de esa violencia son extranjeros, también es un hecho, y que esos actos de violencia son la burda excusa para el discurso xenófobo, racista y violento de algunos “patriotas” también es un hecho.
Esta violencia “gratuita” no la quiere la gente de bien y entre esa gente de bien los hay nacidos aquí y los hay nacidos en otros lugares del mundo.
No es mía la distinción, pero la “compré” desde el día que se lo escuché al hoy obispo de San Feliú de Llobregat, monseñor Xabier Gómez: “no son migrantes, son vecinos. Migrante es la persona que se encuentra en tránsito. El que reside ya aquí es un vecino más”.
El matiz no es baladí, porque hemos hecho del término migrante un estigma que marca al extranjero y a sus descendientes. Es importante que al extranjero integrado en nuestra sociedad le tratemos como un vecino más.
Ahora bien, con los delincuentes hay que poner todo el peso de la ley, y me consta que los extranjeros de bien son los primeros que apoyan medidas drásticas para quien cometa un delito: si es nacional, la cárcel y las sanciones económicas y administrativas que correspondan; si es extranjero la deportación inmediata a su país. Pero solo al extranjero del que se pruebe su delito. Que el Gobierno alcance acuerdos bilaterales para deportar a sus nacionales que cometen delitos en España. Esto es lo que muchos extranjeros desean se haga con sus compatriotas que se comportan incívicamente.
Nuestras vecinos extranjeros (con papeles o sin ellos - eso es otro tema que hay que solucionar cuanto antes) que solo desean rehacer sus vidas en paz y concordia están siendo víctimas, justos que pagan por pecadores y que se convierten en el objetivo de “cacerías” de energúmenos "patriotas" que deberían ser encarcelados, ellos y sus instigadores.
Acojamos al extranjero porque es un hermano, es otro ser humano como nosotros y tratémosle con justicia, lo que implica que si comete un delito le sea aplicada la ley y el castigo que corresponda, incluyendo la deportación y la prohibición de regresar a nuestro país nunca más.
Pero al que ha logrado poner en pie un negocio, al que trabaja en las fábricas, empresas, servicios de todo tipo en este país concedámosle el estatuto de ciudadano, el tratamiento de vecino.
Por eso insisto, distingamos primero entre migrantes, personas en tránsito, y vecinos extranjeros, personas, familias afincadas entre nosotros; y luego distingamos entre gente honrada y delincuentes, tanto si son extranjeros como si se “denominan patriotas”.
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