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Durante el proceso del purpurado contra Pamela Groleau, quien le demandó por "tocamientos sexuales"
¿Abusó el cardenal Marc Ouellet, hasta hace unas semanas todopoderoso prefecto de la Congregación de Obispos, de varias mujeres durante su etapa como rector del seminario de Montreal y, posteriormente, ya como ‘ministro’ vaticano? El tribunal de la ciudad más importante de Quebec (y segunda de Canadá), levantó ayer el secreto de publicación de la demanda por difamación que el purpurado ha interpuesto contra Pamela Groleau, hasta ahora única denunciante de "tocamientos sexuales no deseados" por parte del purpurado, quien fue exonerado por el Vaticano, y anunció una querella contra la 'falsa víctima'.
Entre ellos, aparecen dos cartas de otras dos mujeres que aseguran haber sufrido “gestos inapropiados” por parte de Ouellet, quien niega cualquier acto punible, aduciendo que se trataba de " gestos cordiales realizados en el marco de gestiones públicas", y continúa adelante con su denuncia, que reclama cien mil dólares por daños y prejuicios a la supuesta víctima. Que, por lo que cuenta su defensa, no está sola.
Así, los abogados de Groleau presentaron dos misivas, recibidas recientemente, en el que dos mujeres denuncian agresiones por parte de Ouellet. La primera de ellas, firmada el pasado 16 de enero, describre “una agresión que sufrí un domingo de 1992 en la sacristía del Gran Seminario de Montreal", mientras preparaba el misal, el leccionario y el evangeliario antes de la misa.
En ese momento, describe la denunciante -anónima, aunque ha sido aceptada como prueba-, el celebrante, que no era otro que Marc Ouellet, se situó detrás de ella, colocando sus manos sobre la mesa, bloqueándola, y frotando su pelvis contra ella.
"Mi reacción fue tan rápida y brusca que no pude ver si el señor Ouellet tenía o no una erección", escribe la mujer en su carta, en la que autoriza al abogado de Groleau a “utilizar esta carta como crea conveniente para ayudar” a la víctima demandada por el purpurado “y a todas las demás víctimas del cardenal Ouellet".
Otro testimonio apunta a una “situación bastante ambigua y que me incomodó” sucedida el 7 de julio de 2014 durante una visita de Ouellet a Quebec. “Tras un segundo abrazo”, relata la segunda misiva, también anónima, el cardenal “deslizó apresuradamente un billete de 50 dólares en mi chaleco, frente a la parte superior de mi pecho”, empujando el dinero “un poco más allá, demasiado lejos”. La mujer y su pareja le habían comentado que pasaban problemas económicos.
Al día siguiente, la mujer se puso en contacto con su consejero espiritual, que le aconsejó que se reuniera con el cardenal Gérald Lacroix (sucesor de Ouellet en Quebec) y que también “escribiera al cardenal Ouellet para decirle que lo que había hecho estaba mal". Lacroix aconsejó a la mujer que también escribiera al Papa Francisco.
"Por favor, muestre un poco de moderación y mantenga sus manos quietas"
En dicha misiva, la mujer explicaba al Pontífice que había dudado en hacer público el gesto porque “no quería destruir su reputación”. En el correo enviado a Ouellet, la mujer fue más directa: “Por favor, muestre un poco de moderación y mantenga sus manos quietas".
Nada más levantarse la confidencialidad de los documentos, el propio Ouellet emitió un extenso comunicado en el que desmentía con rotundidad cualquier acoso denunciado en su contra. "Esta visión de las cosas es incoherente con la persona que soy y constituye nuevas acusaciones difamatorias contra mí. Niego firmemente haber tenido ningún gesto inapropiado hacia estas mujeres", resaltó el purpurado, quien reivindicó su derecho a demostrar su inocencia “en un juicio, y responder a estas acusaciones en ese momento, con total transparencia."
Los supuestos gestos "no son más que gestos cordiales realizados en el marco de gestiones públicas". El cardenal añadió que "los gestos en cuestión aquí se habrían realizado todos, sin excepción, a la vista de varias personas presentes, muy cercanas a los supuestos hechos".
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