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El prefecto de la Congregación de Obispos la ha denunciado por daños y perjuicios
Denunció "tocamientos sexuales no deseados" por parte del todopoderoso cardenal Marc Ouellet, prefecto de la Congregación para los Obispos, quien fue exonerado por el Vaticano, y anunció una querella contra la 'falsa víctima'. Lejos de amilanarse (el purpurado le pide cien mil euros en concepto de daños y perjuicios), la mujer ha decidido salir del anonimato y contar su historia, con nombres y apellidos, a la prensa canadiense. "Hoy ya no soy F. Soy Pamela Groleau", ha subrayado.
Con todo, Groleau no está sola: es una de las más de 130 personas que participan en una demanda colectiva contra la archidiócesis católica romana de Quebec, que incluye acusaciones de conducta sexual inapropiada contra 96 miembros de su clero que se remontan a 1940. La mujer ha aprovechado su 'salida del armario' para exigir al Vaticano "más transparencia" y animar a otras víctimas del clero canadiense a denunciar.
Tras ocultar su identidad "para proteger a mi familia, mi trabajo (sigue colaborando en la Iglesia) y mi salud mental", Groleau sostiene que da la cara para ayuar a su propia curación, y "para encontrar la dignidad que me arrebataron".
"Me gustaría ver a la Iglesia enfrentarse a los abusos en lugar de negarlos, y me gustaría que la Iglesia acogiera a cualquiera que afirme ser una víctima, con procesos neutrales, imparciales, independientes, rigurosos y profesionales", incidió la mujer, quien sostiene que Ouellet la abrazó con fuerza y le acarició la parte baja de su espalda, con gestos que la hacían sentirse incómoda. La mujer, que era mayor de edad cuando se produjeron los hechos, decidió denunciar directamente ante la diócesis de Quebec en 2020, diez años después de los hechos.
Tras una investigación interna, la carta fue remitida al Vaticano, sin que la mujer obtuviera respuesta hasta que la propia Santa Sede anunció a los medios que en su investigación no había encontrado "motivos" para actuar contra Ouellet. Acto seguido, el prefecto anunció una demanda para proteger su honor.
"Lo viví como una agresión más. Fue muy preocupante y doloroso, tanto por parte de la archidiócesis como del Vaticano", denuncio Groleau, quien añadió haber recibido cartas anónimas y amenazas de pérdida de trabajo. Ahora, tras salir del anonimato, espera que su historia sirva para algo.
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