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Rusos y ucranianos parecen más lejos que nunca de un alto el fuego
Llegó la Pascua ortodoxa y rusos y ucranianos parecen más lejos que nunca de un alto el fuego, pese al ultimátum del presidente de EE.UU., Donald Trump, que amenazó a ambos bandos con abandonar el proceso de paz si en los próximos días no hay avances en las negociaciones.
«Si, por algún motivo, una de las dos partes lo pone muy difícil, entonces (…), vamos a pasar de ello», dijo categórico Trump el viernes a la prensa en la Sala Oval de la Casa Blanca.
Desde su llegada a la Casa Blanca se había especulado con que el objetivo inicial era que Moscú y Kiev acordaran un cese de las hostilidades el 20 de abril como antesala del inicio de las negociaciones para un arreglo pacífico del conflicto.
El presidente ruso, Vladímir Putin, mantiene un riguroso silencio. Los objetivos marcados al comienzo de la guerra están lejos de alcanzarse cuando se acerca el 80 aniversario de la victoria sobre la Alemania nazi, que se celebra el 9 de mayo.
La realidad sobre el terreno es que la tregua energética de 30 días venció esta semana sin que ninguno de los dos bandos haya mostrado interés en prolongarla.
De hecho, Moscú y Kiev se acusan mutuamente de violar la moratoria desde el primer día, aunque, según el Kremlin, Putin aún no ha dado la orden de reanudar los ataques contra la infraestructura enemiga.
La posibilidad de una tregua en el mar Negro tampoco es factible debido a las condiciones que puso Rusia y que Europa se niega a cumplir. Ni hablar tampoco de un alto el fuego en el frente propiamente dicho.
Como argumento para rechazar un alto el fuego total, Rusia insiste en la incapacidad del presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, para cumplir los acuerdos.
Mientras, los rusos continúan su reciente ofensiva en las regiones ucranianas de Sumi y Járkov con el fin de crear una franja de seguridad, y los ucranianos se niegan a abandonar el territorio de la región rusa de Kursk.
Trump dijo primero que sólo necesitaría 24 horas para solucionar el conflicto, después habló de semanas y, más tarde, de 100 días. Ahora que se acerca esa fecha -se cumple el 30 de abril-, amenaza con desentenderse del proceso de paz.
Aunque se mostró una vez más optimista sobre las opciones de alcanzar un acuerdo -«creo que veo ese entusiasmo»-, aseguró que Rusia y Ucrania deberán responder «en cuestión de días» a la propuesta presentada por Washington para cesar los combates. De lo contrario, se lavará las manos.
«Si es así, estamos dentro. De lo contrario, tenemos otras prioridades», advirtió.
El secretario de Estado, Marco Rubio, dejó sin habla a ucranianos y europeos al asegurar esta semana en París que Washington dará un paso a un lado si no hay avances «pronto», aunque no se entiende si eso significará también dejar de ayudar militarmente a Kiev.
El Kremlin respondió inmediatamente que está a favor del «diálogo y del arreglo de este conflicto», pero también de «la defensa de sus propios intereses».
Rubio informó del resultado de las consultas en París al ministro de Exteriores ruso, Serguéi Lavrov, quien respondió que antes que nada hay que eliminar las causas originales del conflicto, es decir, el avance de la OTAN.
El Kremlin dejó clara su postura al asegurar esta semana que el control sobre las cuatro regiones ucranianas anexionadas por Rusia en 2022 no es negociable -el emisario de EEUU, Steve Witkoff, dijo que era una de las claves del proceso-, ya que, según la Constitución, son «parte inalienable de la Federación Rusa».
En los últimos días varios altos funcionarios rusos -Lavrov y el jefe del servicio de espionaje exterior, Serguéi Narishkin- insistieron en que las demandas presentadas por Putin en junio de 2024 siguen en pie.
Es decir, Ucrania debe desmilitarizarse hasta contar con menos de 100.000 soldados y proclamar su neutralidad. Ni hablar de un posible despliegue de tropas de paz europeas en su territorio ni tampoco de un futuro ingreso en la OTAN.
Kiev debe consumar su desnazificación, concepto que significa en realidad un cambio de gobierno en Ucrania y una derogación de las leyes presuntamente discriminatorias con la lengua y cultura rusas. Zelenski no puede seguir en el cargo, ya que es ilegítimo para Moscú.
A su vez, Ucrania debe reconocer la soberanía rusa sobre las regiones anexionadas: Crimea, Donetsk, Lugansk, Jersón y Zaporiyia. Para ello, debe retirar sus tropas de esos territorios, tras lo que comenzarían las negociaciones de paz.
Eso sí, al mismo tiempo, las autoridades rusas mantienen que Kiev no representa a otras regiones rusoparlantes como Odesa y Mykolaiv, por lo que Kiev sospecha que Moscú no ha renunciado a conquistar dichas regiones, lo que le privaría de una salida al mar Negro tras perder el control sobre el Azov.
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