Si nos olvidáramos, por cualquier causa, de los enfermos de alzhéimer, estaríamos sufriendo, junto con otras enfermedades, una pandemia de alzhéimer ético y espiritual.
Es la hora de la esperanza. Esa que es verde, que se simboliza con el ancla con el que apoyarnos, que resiste a cualquier situación de desolación. Es la hora de trabajar por la resurrección.
La esperanza se llama ilusión por un mañana con menos dolor, por una vida sin ese límite que genera una discapacidad, por una enfermedad superada, por un desencuentro aclarado, por conseguir la paz...
El duelo por la muerte de familiares y amigos está presente en la Patrística, desarrollado directa o indirectamente. El tema del duelo surge cuando los Padres, con el sentido pastoral que los caracteriza, comentan: el sentido de la vida cristiana y de la muerte.
El refugio válido en la adversidad del corazón, es aquel que contribuye a buscar alternativas, que confronta miradas de pasividad o victimización, que acompaña a identificar las fuerzas internas para enfrentar las tormentas.
Un modo de orar es presentar a Dios nuestras necesidades, “Expresar en lugar de pedir”. Orar es hablar con Aquel que sabemos que nos ama” como decía Santa Teresa. No informamos a Dios, sino mostramos nuestra indigencia y nuestra confianza.
El recuerdo puede constituir un gran tesoro y puede ser terapéutico si es bien utilizado. Puede cubrir el vacío generado por la pérdida, constituyendo el presente de lo que fue y ya no es. Invitar a olvidar en la elaboración del duelo o pretender olvidar uno mismo, no es la indicación más adecuada.
Se ha convertido en clásico el modelo de duelo que habla de "las cuatro tareas" (Worden). José Carlos Bermejo investiga sobre "las tareas espirituales del duelo" para ofrecer a la comunidad científica un planteamiento complementario y salir al paso de la laguna existente en investigación sobre el trabajo espiritual del duelo.
Asistimos en el mundo a un nacer de corrientes de psicología y a un difundirse de psicologías que pueden estar carentes de fondo, de antropología, de filosofía, de espiritualidad.
La búsqueda de significado después de la pérdida también media en la experiencia de duelo. Puede llevar a crecimiento postraumático o cambios positivos significativos y sostenidos en los compromisos y objetivos vitales.
Humanizar pasa por educar a usar correctamente la palabra. La formación en counselling y relación de ayuda, puede contribuir a recorrer este camino complementario al de aprender a escuchar.
La mera relación instrumental, la cosificación de la persona para analizar los indicadores de su biología mediante una sutil gestión de la información que objetiviza, no alcanza el mérito de ser llamada relación profesional sanitaria.
Vivimos bajo el severo riesgo de que la palabra sea vehículo de la no verdad en la época de las fake news o noticias falsas, bulos de contenido pseudo-periodístico difundidos a través de portales y redes.
Nadie pondrá en duda el poder de la palabra en las relaciones que se producen en el mundo de la salud, por ejemplo. La eficacia de un tratamiento, la fidelidad a su seguimiento, el impacto emocional de una mala noticia, la reacción de una familia ante un fracaso o una situación inesperada y mil situaciones más, están en estrecha relación con el modo como los agentes de salud manejen la comunicación, utilicen la palabra.
En diferentes lugares he podido escribir de cómo el mejor modo de ayudarse, siendo testigos de la esperanza, particularmente en el sufrimiento y en el duelo, es abrazarse. Ese abrazo sin agujeros, en el que nos llevamos el desahogo del otro y, quizás sin palabras, recogemos parte del sufrimiento de quien se apoya en nosotros.
Es comprensible la sensibilidad creciente de la sociedad ante el sufrimiento humano y la conciencia de que hemos de ser responsables en la gestión del proceso del enfermar y el morir poniendo racionalidad para evitar las consecuencias de la colonización de la tecnología en medio de la fragilidad humana
Nos tendremos que acompañar. Humanizar la escucha hasta no cansarnos porque, de lo contrario, los enfermos también nos lo pasamos mal en esa soledad existencial inevitable y esa otra soledad de quien podría ser mejor acompañado.