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Conmemoran tres años del asesinato de hermanos jesuitas
Se cumplieron tres años del asesinato de los sacerdotes jesuitas Javier Campos y Joaquín Mora, así como de los laicos Pedro Palma y Paul Bellereza en la parroquia de San Francisco Javier, en el poblado de Cerocahui en la Sierra Tarahuamara de México, acontecimiento que cimbró a toda la Iglesia mexicana y dio paso a la fundación de Diálogo Nacional por la Paz, que ha logrado reunir a miles de personas para trabajar por iniciativas de reconciliación desde la familia, las escuelas, la universidad y en las propias calles de los pueblos, colonias y ciudades.
En Ciudad de México, como en varias partes del país, se realizó una celebración eucarística que presidió Mons. Fco. Javier Acero Pérez, arzobispo auxiliar de la Arquidiócesis Primada de México donde hizo un llamado contundente a la unidad, la paz y el desarme, tanto de las calles como de los corazones.
“Es momento de percibir que como católicos tenemos que desarmar nuestras calles y plazas de violencia, abandonar el lenguaje y los gestos hostiles en el congreso y en el senado y de todos los líderes políticos que desprecian la búsqueda de la verdad, desarmemos los espacios públicos de tanta indiferencia ante unas familias que siguen buscando a sus hijos/as; unidos, a pesar de nuestras debilidades para fomentar la construcción de la paz denunciando situaciones salvajamente injustas: como el maltrato a los hermanos migrantes, y la situaciones de abusos de poder”.
Inspirado en el mensaje del Papa Francisco para la Jornada Mundial de la Paz, el obispo enfatizó que la verdadera paz es dada por Dios a un "corazón desarmado". Un corazón que no calcula lo propio y lo ajeno, que disipa el egoísmo, está dispuesto a perdonar y supera el desaliento con esperanza.
El "desarme del corazón", comentó es un gesto que involucra a todos, desde los pequeños hasta los grandes, y a veces basta con una sonrisa, un gesto de amistad, una mirada fraterna o un servicio gratuito para acercarse a la paz.
La paz, añadió, no es solo el fin de la guerra, sino el inicio de un "mundo nuevo, un mundo en el que nos descubrimos diferentes, más unidos y más hermanos".
Mons. Acero hizo un llamado a recuperar la "amabilidad" en calles y plazas, considerándola un "factor importante de la cultura del encuentro" y una virtud indispensable para vivir en paz y como hermanos.
“La amabilidad, lejos de ser solo protocolo, es una virtud para ir contracorriente y humanizar esta sociedad que se desangra", dejando claro que la Iglesia es "mediadora de paz" y no se sienta con quienes imponen con mentiras, corrupción y masacres".
Citando al Papa Francisco, Mons. Acero Pérez recordó que la paz es un "Don de lo alto" que debe ser implorado a Jesús, pues solos no somos capaces de custodiarla. Sin embargo, también dijo es un "compromiso" que exige dar el primer paso, con gestos concretos como la atención a los últimos, la promoción de la justicia y el valor del perdón para apagar el fuego del odio.
Durante su mensaje, advirtió contra los "pseudotesoros de la calle" como el prestigio, el poder y el placer, que llevan a un individualismo atroz y al abandono de los más necesitados. En contraste, propuso que la verdadera riqueza y el corazón deben estar en "el otro, en las situaciones de pobreza y vulnerabilidad", donde se puede ser luz.
Lamentó el "tejido social roto" y enfatizó la necesidad de recomponerlo, dejando de lado ideologías y divisiones por "cifras maquilladas" o "amistades disfrazadas de intereses manipuladores". La corrupción no puede silenciarse mientras existan víctimas sin justicia.
Por lo que recalcó el mensaje de los obispos de México, que afirman la necesidad de todos los actores y fuerzas, "muy especialmente de nuestros jóvenes". Dirigiéndose a la juventud mexicana, les instó a "¡levantarse!" y ser luz en medio de la oscuridad, llevando el anhelo de paz y vida a cada rincón del país.
En la Sierra Tarahumara, también se realizó una celebración eucarística para recordar la memoria de los padres de la iglesia jesuita, la comunidad de Cerocahui realizó una Caravana por La Paz que pasó por la zona conocida como Las Cruces, donde fueron encontrados los cuerpos sin vida de los padres y del guía de turistas. La caravana siguió por San Rafael, Bahuichivo y Paso de la Virgen hasta llegar a Cerocahui, en la Sierra de Chihuahua.
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