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El arzobispo argentino a iniciar la Semana Santa con el corazón abierto
(AICA).- Durante la misa del Domingo de Ramos, el arzobispo de Córdoba, cardenal Ángel Rossi SJ, invitó a los fieles a iniciar la Semana Santa con el corazón abierto, recordando que el símbolo del ramo no es sólo una tradición litúrgica, sino una invitación a la paz, la reconciliación y el encuentro con Cristo en el camino de la cruz.
La celebración, que tuvo lugar en la catedral Nuestra Señora de la Asunción y congregó a gran cantidad de fieles, comenzó con la bendición de los ramos, evocando el gesto de la multitud que recibió a Jesús en su entrada a Jerusalén.
En su homilía, el arzobispo cordobés conectó el significado del ramo de olivo con el relato del Génesis y la paloma que vuelve al arca de Noé con una rama en el pico, signo ancestral de esperanza tras la tormenta.
"El ramo de olivo es símbolo de alegría, de reconciliación, de perdón, de luz que alumbra y aceite que cura"
"El ramo es símbolo de alegría, de reconciliación, de perdón, de luz que alumbra y aceite que cura," expresó el purpurado jesuita y recordó que el aceite de oliva "purifica el corazón y sana las heridas."
En ese marco, destacó que en un mundo herido por la violencia y la indiferencia, el cristiano está llamado a ser signo de paz activa: "El amor es la fuerza que transforma nuestras heridas en algo precioso."
La homilía, cargada de imágenes simbólicas y referencias a la tradición espiritual, contrastó la entrada triunfal de los poderosos con la humilde llegada de Jesús montado en un burrito.
"El animal de los pobres", lo llamó el cardenal Rossi, en alusión al estilo de un Mesías que no busca el poder, sino el servicio.
"Jesús entra así en la fase más radical de su misión: la pasión y la cruz. Y nos invita a seguirlo, aunque cueste, aunque haya que tragar saliva y endurecer el rostro."
El arzobispo animó a los presentes a "dejarse mirar por el Señor", a imaginarse dentro de la escena bíblica, como uno más de los que lo esperaban a las puertas de Jerusalén.
"El Señor te pregunta: ¿venís conmigo?", dijo con tono pausado. "Él sabe dónde te está esperando en esta Semana Santa. Tal vez en el víacrucis, tal vez en el silencio de un patio, como tantos que esperan en la soledad."
El cardenal Rossi apeló a la experiencia humana, al sufrimiento cotidiano de los más postergados: los presos sin juicio, los enfermos en los hospitales, los jubilados en largas colas: "Ahí también pasa el Señor, sentadito, con paciencia, compartiendo nuestras esperas."
Finalmente, el arzobispo cordobés citó a Leopoldo Marechal para cerrar su mensaje con una imagen poética: la del cazador que, al ir tras el ciervo herido -Cristo-, termina él mismo herido, pero finalmente salvado.
"Por ir de cacería, gané el camino", leyó con emoción.
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