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Puedes ser Betania para Jesús y para muchos.
Seis días antes de la Pascua, fue Jesús a Betania, donde vivía Lázaro, a quien había resucitado de entre los muertos. Allí le ofrecieron una cena; Marta servía, y Lázaro era uno de los que estaban con él a la mesa. María tomó una libra de perfume de nardo, auténtico y costoso, le ungió a Jesús los pies y se los enjugó con su cabellera. Y la casa se llenó de la fragancia del perfume. (Jn 12, 1-3)
En vísperas del Triduo Pascual, se nos presentan tres lugares significativos: Betania, Betfagé y Betesda. Los tres comparten la misma raíz y pueden traducirse como “Casa de Dios, Casa del amigo”, “Casa de los higos” y “Casa de misericordia, Casa de gracia”.
La ubicación de cada acción en la vida de Jesús es significativa. No es indiferente que haya pasado los últimos días de su vida terrena en Betania, hoy conocida como Lazariye, la ciudad de Lázaro. Allí fue acogido por sus amigos Marta, María y Lázaro, quienes le ofrecieron una cena especial, derramaron a sus pies un perfume costoso y, cada día, él iba a Jerusalén y regresaba a Betania.
Esta localización nos invita a ser amigos de Jesús, a acompañarlo desde el corazón. No solo como un ejercicio de piedad, sino con todo nuestro ser, comprendiendo que en el “hoy de Dios”, todo lo que hagamos ahora, se lo hicimos entonces.
Puedes ser Betania para Jesús y para muchos.
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