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"Una mujer más que da la vida por Jesús, al servicio de los pobres"
Y el Papa se detuvo. En su saludo a los fieles en lengua francesa, Francisco recordó a la religiosa española Inés Nieves Sancho, asesinada brutalmente en Centroáfrica. "Fue una educadora de niñas pobres, asesinada en el lugar donde enseñaba a crecer a las chicas, una mujer más que da la vida por Jesús, al servicio de los pobres. Recemos juntos". Y toda la plaza de San Pedro, en silencio, oró por la Hija de Jesús.
El recuerdo a sor Inés fue el momento más intenso de una Audiencia General en la que el Papa concluyó sus reflexiones sobre el Padre Nuestro. Francisco llegó en papamóvil, como el miércoles, pasado, acompañado de ocho niños refugiados.
Ante miles de personas, y pese al viento que le jugó malas pasadas con el manto y los papeles, Francisco reivindicó que "un cristiano puede orar en cualquier situación".
“Jesús no nos deja una fórmula que hay que repetir mecánicamente”, subrayó Bergoglio sobre el Padre Nuestro. “Para rezar tenemos que hacernos pequeños, para que el Espíritu venga a nosotros y nos ayude en la oración”, insistió.
“Es a través de la palabra de Dios que el Espíritu Santo enseña a los hijos de Dios a rezar a su Padre”, y es el propio Jesús quien nos invita a rezar, y nos remite al Padre Nuestro. Como en la noche de Getsemaní, donde “en medio de las tinieblas, Jesús invoca a Dios con el nombre de Abbá, y aun sintiendo miedo y angustia, pide que se realice su voluntad.”
“Jesús insiste con sus discípulos para que cultiven un espíritu de oración”, recordó el Papa, quien animó a que “la oración debe ser insistente, y con un recuerdo para los hermanos”. Donde se llame 'papá' a Dios y donde “el protagonista de cada oración cristiana sea el Espíritu Santo”.
“Nosotros no podremos nunca rezar sin la fuerza del Espíritu Santo. Es el el que reza en nosotros y nos enseña a rezar bien. Él es el protagonista, es el Dios de la verdadera oración en nosotros”, clamó.
“Él sopla en el corazón de cada uno. El Espíritu nos hace capaces de rezar en el surco que Jesús ha cavado para nosotros. Este es el misterio de la oración cristiana: somos llevados a aquel diálogo de amor de la Santisima Trinidad”, repitió Francisco.
Hasta en el mayor dolor, en la cruz, Jesús ora. “¿Puede el Padre celestial abandonar a su hijo? No. Y sin embargo, el amor ha llevado a Jesús hasta experimentar el abandono de Dios, su lejanía. Y ha tomado para sí todos nuestros pecados”, subrayó Bergoglio.
“No dejemos nunca de hablar al Padre de nuestros hermanos y hermanas, para que ninguno, especialmente los pobres, quede sin su amor”, recordó el Papa, quien concluyó indicando que, “para rezar, tenemos que hacernos pequeños, para que el espíritu venga a nosotros y nos ayude en la oración”.
Queridos hermanos y hermanas: En este día concluimos el ciclo de catequesis sobre el Padrenuestro, la oración que el Señor Jesús enseñó a sus discípulos. Hoy también nosotros, como discípulos de Jesús, fieles a su recomendación «y siguiendo su divina enseñanza», continuamos haciéndola nuestra. No se trata de una fórmula para repetir de modo mecánico, sino de una intimidad filial por la que podemos llamar a Dios «¡Abbá!, Papá». Es la intimidad en la que Jesús, el revelador del Padre, nos introduce por su gracia. El Catecismo de la Iglesia católica nos recuerda que: «es el Espíritu Santo, [quien] a través de la Palabra de Dios, enseña a los hijos de Dios a hablar con su Padre» (N. 2766).
Si leemos atentamente los Evangelios, vemos que todas las expresiones con las que Jesús reza, en los diferentes momentos de su vida, hacen referencia al texto del Padrenuestro. Constatamos, además, cómo Jesús invita a sus discípulos a cultivar un espíritu de oración, a orar insistentemente y a tener siempre presentes a los hermanos y sus necesidades.
El Nuevo Testamento nos revela que el primer protagonista de toda oración cristiana es el Espíritu Santo, que hemos recibido en nuestro bautismo y que nos hace capaces de orar como lo que somos, Hijos de Dios, siguiendo el ejemplo del Señor Jesús. Este es el misterio de la oración cristiana, que nos introduce en el diálogo amoroso de la Santísima Trinidad.
Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española venidos de España y Latinoamérica, como también a los peregrinos de la diócesis de Ebibeyin, Guinea Ecuatorial, acompañados por su Obispo. A todos los animo a que pidan al Señor la gracia de ser hombres y mujeres de oración, y a que recuerden ante el Padre a todos nuestros hermanos y hermanas, especialmente a los más necesitados y abandonados, para que a ninguno falte consolación y amor. Que Dios los bendiga.
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