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Argüello: "Les han matado por ser testigos del amor de Jesús, por ser mártires de su presencia"
"Ahora Inés, hija de Jesús; hace unos días Fernando, salesiano como Antonio hace unos meses, misioneros. No son mártires porque les hayan matado, les han matado por ser testigos del amor de Jesús, por ser mártires de su presencia. Un abrazo a sus familias y comunidades". El portavoz de la Conferencia Episcopal, Luis Argüello, lamentaba en las redes sociales el asesinato de la religiosa Inés Nieves Sancho, en Centroáfrica.
Un asesinato brutal -apareció casi decapitada- y que conocedores de la zona se resisten a atribuir al odio a la fe. Un crimen de delincuencia común o un asesino ritual, tal vez para el tráfico de órganos, son algunas de las tesis que se apuntan en las investigaciones preliminares. Ningún grupo terrorista ha reivindicado la acción.
"La zona donde la asesinaron es bastante tranquila" sostiene el obispo auxiliar de Bangassou, el burgalés -como Inés- Jesús Ruiz Molina, quien apunta a que la religiosa ya ha sido enterrada en la zona donde ejercía la misión, según los deseos de la propia familia.
Inés pertenecía a la congregación frances de las Hijas de Jesús de Massac, y llevaba 23 años trabajando en el país. La religiosa gestionaba una escuela en Nola, junto a la frontera con Camerún. Al parecer, unos desconocidos la raptaron y la asesinaron en la escuela.
República Centroafricana está sumida en una cruenta guerra civil desde 2013, donde los cristianos sufren, al igual que toda la población, los ataques de los catorce grupos enfrentados, si bien la zona donde trabajaba la religiosa burgalesa «era bastante tranquila». Según detalla el burgalés Jesús Ruiz Molina, obispo auxiliar de Baangassou, una diócesis a más de 1.000 kilómetros de donde ha sido asesinada la misionera, la guerra parece estar remitiendo, si bien todavía tienen que sufrir las consecuencias de las armas.
En concreto, en la diócesis donde ejerce su ministerio el burgalés, «todavía hay tres parroquias que están bajo las armas», incluso una, de 20.000 habitantes, fue atacada el pasado 1 de enero; por no olvidar los dos vicarios y cinco sacerdotes asesinados el el último año. «No es que sea una persecución contra los cristianos –detalla el prelado–, pero estamos en medio de la guerra y sufrimos sus consecuencias. A pesar de todo, se muestra esperanzado: «Empezamos a circular con cierta tranquilidad, pues ya no hay tanta violencia como antes».
El problema en la actualidad está los 1,2 millones de desplazados que se han quedado sin casas y están sumidos en la pobreza. Aún así, «somos optimistas y esperamos que las armas se paren en todo el país, sobre todo en las periferias».
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