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Recuerda en el Angelus que mañana se cumplen 70 años de la Convención de Ginebra
Nuevo 'dardo' del Papa Francisco a Matteo Salvini. Al término del rezo del Angelus, y dirigiéndose a la multitud que seguía la oración desde la plaza de San Pedro, Bergoglio recordó que mañana se cumplen 70 años de la firma de la Convención de Ginebra, un pacto internacional que “impone límites al uso de la fuerza y está destinado a proteger a civiles y prisioneros en tiempos de guerra”.
Por ello, recordó, “todos deben respetar los límites impuestos por el Derecho internacional humanitario”, y “proteger a las poblaciones desarmadas y las estructuras civiles, especialmente hospitales, escuelas, lugares de culto o campamentos de refugiados”.
"Que esta conmemoración haga que los estados sean cada vez más conscientes de la necesidad indispensable de proteger la vida y la dignidad de las víctimas de los conflictos armados”, concluyó el Papa, instando a que “no olvidemos que la guerra y el terrorismo son siempre una pérdida grave para toda la Humanidad. Son el gran desafío humano”
Con anterioridad, Bergoglio había reflexionado sobre las parábolas de la vírgenes y las lámparas encendidas, y de los sirvientes que esperan la llegada de su señor. “Se trata de no echar raíces en viviendas confortables y tranquilizadoras, sino de abandonarse con sencillez y confianza a la voluntad de Dios, que nos guía hacia el próximo objetivo”, explicó el Papa.
De hecho, añadió, “aquellos que confían en Dios saben bien que la vida de fe no es algo estático, sino que es dinámico: es un viaje continuo, para avanzar hacia etapas cada vez más nuevas, lo que el Señor mismo indica día tras día”.
Por eso, “estamos obligados a mantener 'las lámparas encendidas' para poder aligerar la oscuridad de la noche” y, al tiempo, una fe madura, para “iluminar las muchas 'noches' de la vida”. "Lleven siempre un pequeño Evangelio consigo, es una pequeña lámpara para el encuentro con Jesús", improvisó.
La nuestra y la de todos, porque “nadie puede retirarse a la certeza de su propia salvación, sin interesarse en los demás. Es una fantasía pensar que uno puede iluminarse dentro. La verdadera fe abre nuestros corazones a los demás y nos estimula a una comunión concreta con nuestros hermanos, especialmente con los necesitados”.
“La vida es un viaje hacia la eternidad; por lo tanto, estamos llamados a hacer que todos los talentos den fruto”, recalcó el Pontífice, añadiendo que “cada momento se vuelve precioso, por lo que es necesario vivir y actuar en esta tierra teniendo en el corazón la nostalgia por el cielo”. "Con los pies en la tierra, pero el corazón en el cielo", añadió.
“La idea del encuentro final con el Padre, rico en misericordia, nos llena de esperanza y nos estimula a un compromiso constante con nuestra santificación y a construir un mundo más justo y fraterno”, finalizó.
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