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Observador Permanente de la Santa Sede ante la OSCE
(Vatican News).- Monseñor Janusz Urbańczyk, Observador Permanente de la Santa Sede ante la OSCE (Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa) en Viena, hablando hoy en la Conferencia Mediterránea de la OSCE sobre el tema "Promoción de la seguridad en la región mediterránea de la OSCE mediante el desarrollo sostenible y el crecimiento económico", quiso subrayar en primer lugar que "las cuestiones de seguridad deben abordarse siempre de manera global", teniendo en cuenta "cuestiones como la seguridad energética, el cambio climático, la migración y la actual crisis económica y financiera agravada por la pandemia de Covid-19".
"A menudo - explicó - el nivel de crecimiento económico de un país es el único factor que se tiene en cuenta en el desarrollo", pero "el desarrollo del que hablamos no puede limitarse únicamente al crecimiento económico". De hecho, para que sea auténtico, "debe favorecer el desarrollo de cada persona y de toda la persona". No podemos - afirmó- separar la economía de la realidad humana o separar el desarrollo de la civilización en la que tiene lugar.
A la luz de estas reflexiones Monseñor Urbańczyk habló en su intervención de las nuevas formas de pobreza creadas por la pandemia de Covid-19, "que no sólo han exacerbado las pobrezas existentes, sino que han añadido otras". Habló también de las limitaciones de nuestros sistemas de salud, de la falta de acceso a una información correcta y a la educación, del sufrimiento causado por el aislamiento social, del aumento de la violencia y del malestar.
También destacó que las mujeres en particular son las más afectadas por los efectos de la pandemia, recordando su papel crucial tanto en la economía como en la sociedad en su conjunto. Son ellas las que tienen la mayor carga de trabajo, entre teletrabajo, asistencia, tareas domésticas y permisos no remunerados, o quienes viven la pérdida de sus empleos. Por lo tanto, es responsabilidad de los gobiernos proteger su dignidad y proporcionarles un sistema de protección social y una compensación adecuada, en una sociedad que ha mostrado fuertes desigualdades en este tiempo de pandemia.
La inclusión de todos y la protección del carácter sagrado de la vida son los dos principios fundamentales, según el prelado, en los que deben basarse las políticas de los gobiernos, para ayudar a los más necesitados en esta emergencia sanitaria, aprovechando la oportunidad que ofrece esta pandemia para buscar soluciones nuevas e innovadoras orientadas al bien común y al desarrollo humano integral de todos.
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