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Oportunidad perdida en San Pedro: no habrá una mujer al frente de la oración
No habrá una mujer dirigiendo el rezo del Rosario por la salud del Papa en San Pedro. La incógnita ha sido desvelada esta misma mañana, cuando la Sala Stampa ha anunciado que el rezo de esta noche estará dirigido por el cardenal Ángel Fernández Artime, pro-Prefecto del Dicasterio para los Institutos de Vida Consagrada y Sociedades de Vida Apostólica. Se diluye, así, la posibilidad de ver a Simona Brambilla al frente del Rosario.
Una oportunidad perdida, toda vez que Brambilla, y no Artime, es la prefecta del dicasterio, y que el Rosario no es una celebración sacramental, sino una oración mariana que, a diario, presiden mujeres en parroquias de todo el mundo. El momento, además, parecía propicio: por primera vez, una mujer preside un dicasterio vaticano, y son precisamente los jefes de los 'ministerios' de la Santa quienes dirigen, cada noche, los rezos del santo pueblo de Dios para rogar por el restablecimiento de la salud de Francisco.
Pudieron más los prejuicios, y tal vez simplemente la rutina, el 'siempre se hizo así', y esta noche, no será Brambilla, sino su número dos, el cardenal Fernández Artime, quien presida el rezo. Nada que achacar al purpurado asturiano, a quien seguramente se le ha indicado que era su turno, y evidentemente tampoco a Brambilla, quien probablemente ni se había planteado la posibilidad.
Más allá de la intención, lo cierto es que la imagen de una mujer prefecta dirigiendo el rezo del Rosario en la mayor plaza de la Cristiandad tendría un poder icónico impresionante, y más en una situación de incertidumbre como la que está viviendo la Iglesia, 21 días después del ingreso de un Papa Francisco que ha sido quien más ha impulsado el papel de la mujer en puestos directivos de la Iglesia.
Impedir que Brambilla sea quien presida la ceremonia es, consciente o inconscientemente, una forma de perpetuar el patriarcado en la Iglesia, precisamente en temas que no debían estar en discusión: para rezar por el Papa no es precisa la púrpura. A veces, incluso, hasta sobra.
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