18 abr 2025
La soledad compartida de la Cruz
Jesús se asocia a todos los descartados y abandonados del mundo, a quienes llegan a experimentar en medio de su dolor, que ni siquiera Dios los ama. Vivir el Viernes Santo es asociarnos con Cristo a todos los actuales excluidos del mundo, los bienaventurados del Reino de los Cielos.
«Dios mío, ¿por qué me has abandonado?» (Mateo 27,46) no es solo una expresión de dolor, sino una encarnación del grito silencioso de quienes son ignorados, despreciados o tratados como invisibles.
Hoy, los bienaventurados son un manifiesto revolucionario: anuncian que Dios juzga la historia desde abajo, desde los crucificados...En la Cruz, Jesús convierte el grito de abandono en un acto de amor que transfigura toda soledad humana: no hay vacío que Dios no ocupe, ni dolor que no pueda ser santuario de su presencia.