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El cardenal Krajewski y Sant'Egidio llevan al Vaticano a 33 personas varadas desde hace meses en Lesbos
(Vatican News).- Unas 17 horas y media. Es lo que duró el traslado de los 33 migrantes de la isla de Lesbos a Roma, a donde llegaron al aeropuerto de Fiumicino poco antes de las 10 de la mañana, acompañados por el cardenal Konrad Krajewski y los operadores de la Comunidad de San Egidio.
Paradójicamente, este viaje es más largo del trayecto en un bote de goma de traficantes que desde la costa turca hasta la isla griega puede variar entre 25 minutos y 4 horas, así como el precio que va desde 1.200 euros en adelante. Por no mencionar que al final esa ruta es sólo una parte de un recorrido, lleno de riesgos, que puede durar incluso años.
Sin embargo, esta aventura, que comenzó ayer a las 17.22 horas en autobús desde el campo de acogida de Moria, es totalmente diferente para los 33 refugiados que buscan asilo político. En primer lugar porque tuvo una pausa para una cena de despedida de la isla, algunas fotos, un fuerte abrazo a los amigos que se quedan en Lesbos. Luego, de nuevo en autobús, hasta el aeropuerto de Mytilene.
A continuación, los procedimientos burocráticos con las autoridades aeroportuarias y la policía, siempre con la ayuda de Daniela, Mónica, Daoud, Don Paolo di San Egidio, que se aseguraron de que todos los documentos estuvieran en orden. Luego el vuelo a Atenas y una noche en el aeropuerto, según las instrucciones de las autoridades griegas: horas llenas de emociones encontradas, pero al fin y al cabo más livianas que muchas otras.
En rueda de prensa desde Fiumicino, informa Efe, Krajewski se dirigió a la jerarquía de la Iglesia católica, a purpurados, obispos, presbíteros y religiosos, para que abran "los conventos y los monasterios" y acojan en cada uno a "al menos una familia" para "vaciar" los campos de refugiados.
"Abramos nuestras casas y nuestros palacios, hay espacio, y también hay recursos", refirió el cardenal, siguiendo la recomendación del papa de destinar los inmuebles de la Iglesia a la acogida de los más necesitados.
Está Essoessinam, llamada Ester, una muchacha cristiana que viaja sola desde Togo. Está el afgano Said Mohammad, acompañado por su esposa y su hija de 3 años que no quiere saber nada de jugar a la pelota para engañar al tiempo. Y luego está Kasra, otro niño afgano que se ha convertido en la mascota del grupo con el apodo de "Ciccio": el próximo mes de enero podrá celebrar sus dos años en una nueva casa, gracias a un deseo del Papa Francisco que lo trajo a Italia con los demás y gracias al viaje de estas últimas horas que no es más que el fruto de un corredor humanitario.
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