Detrás de cada deseo sólo hay ansia de la plenitud que ya soy en realidad, pero no reconozco ser.
Fulanito de tal y cual se cree separado
Hasta que de pronto cualquier día te das cuenta de que el dueño eres tú
Nos llevamos con nosotros el saco de los deseos a la calle, al monasterio o a las antípodas de nuestro planeta. Por eso el camino no es escapar, sino flotar en la superficie de los deseos. Muchas veces la renuncia ascética origina más deseos, los convierte en asignatura pendiente