Por favor, déjate ser
Propósitos para despertar al "mejor yo"
Lo incomunicable
El poeta Juan Bautista Bertrán, SJ, escribía “Cuando atardece, quédate conmigo / le tengo miedo a mi soledad sola, no contigo”. En el crepúsculo, cuando cesan los ruidos y el mundo se sumerge en la oscuridad de la noche, es frecuente que tomemos conciencia del misterio de nuestro ser: hemos sido arrojados a la vida sin saber por qué; somos frágiles, limitados e ignorantes del futuro; es más, con una certeza de que vamos a envejecer e incluso abandonar esta vida. Hay además algo incomunicable dentro de nosotros. Ni el ser más querido es capaz de penetrar plenamente en mi conciencia interior.
Quizás estos sean algunos motivos de la soledad radical de todo ser humano a la que tenemos miedo, como dice el poeta. La fe no elimina esa soledad de mi más íntima conciencia, pero añade algo más: el “contigo”. La “soledad contigo” no deja de ser soledad, pero es una soledad iluminada.
Todo creyente tiene derecho a un pedazo de mística en su vida, momentos de silencio en que conecta con un rescoldo interior que le calienta y acompaña, una sensación de que somos chispa de un gran fuego u ola de un infinito mar. Como canta el mismo poeta: “A veces por las venas de las cosas / sube una luz azul, cual de presencia”. Mi parte resuena con el Todo, mi pequeña arpa vibra con la sinfonía del Ser, y siento, aunque sea por un instante, que Dios no solo me acompaña y me habita, sino que, como dice Pablo, “en él vivo, me muevo y existo”.
También te puede interesar
Por favor, déjate ser
Propósitos para despertar al "mejor yo"
Lo incomunicable
Soledad contigo
Imágenes como puñales
Me duele el telediario
¿Quién habita en la luz de una mirada?
Pentecostés (soneto)
Lo último
La sabiduría del corazón
Corazón pensante para humanizar
Cuidar cuando no se puede curar
Nunca incuidables
Morir humanamente, morir acompañado
Morir con dignidad
Sanar, acompañar, humanizar
Medicina y cuidado