Vivimos dentro de una nube de ruidos, por dentro y por fuera
Vivimos más que nunca ensordecidos por el ruido. Hay un ruido exterior que no para: en el bar, en el coche, en casa, en la calle.
Hay otro ruido interior más peligroso, el de la mente, que runrunea dentro de nosotros desde un personaje que creemos ser y no somos.
La mente siempre nos contamina con sus ruidos, alejándonos de lo que es. Sólo el silencio nos libera. Pero le tenemos pavor, porque lo identificamos con soledad y vacío, sin apreciar que es una soledad acompañada del Universo y un vacío lleno.
El silencio interior es la mejor terapia que existe. Dice Ana María Schlutter que “el silencio es regresar a casa”, es decir, recuperar nuestra identidad
Se trata de sortear ese “loro interior” e ir conectando con el fondo de nuestro ser, donde estamos bien; quizás porque salimos así de fábrica y poco a poco nos hemos ido estropeando con palizas mentales e identificaciones absurdas
La tristeza mayor del hombre proviene de sentirse separado, en definitiva, solo en medio de una multitud, solicitado por millones de signos y sonidos. El silencio cura porque nos conecta con lo que somos,