Mirar a María es mirar a la mujer maravillosa que da rostro a lo infinito, que transforma en divino nuestro sudor, nuestro tiempo, nuestras alegrías y nuestras lágrimas. María cuaja en dimensiones terrestres el poema inabarcable de Dios y pasa a ser el ejemplo de toda nuestra esperanza.
¿Sabemos percibir las pisadas de un ángel en nuestra vida con ojos niños? A los ángeles solo los niños los ven. Dos palabras hay en la anunciación y la turbación de María que son claves para nuestra vida: El “contigo” de la nube de Dios y la entrega de la “esclava”.
No es un caminar solo para llegar, es un caminar para caminar, para gozar del camino, porque toda la luz la llevamos dentro, aunque no lo sepamos. En ese sentido, ella es Arca de la Nueva Alianza.
Los creyentes podemos percibir sin percibir el himno de alegría de todas las cosas, dentro y fuera. Nos situamos en el no-tiempo donde Belén ya está presente, como lo está el dolor de Getsemaní y una muerte en cruz preñada de resurrección.
Toda esperanza es del tamaño del corazón que espera
Depende todo del desarrollo interior de la persona, de la capacidad de abrir sus horizontesy de ser feliz, porque la felicidad no es otra cosa que nuestra aptitud de esperar, es decir, de creer en la vida.
El otro problema frecuente hoy día es la inmediatez. Somos la generación “amazón”, de la compra online, para que llegue el día siguiente o, si es posible, dentro de una hora.
Vivimos en un mundo de desesperados y desesperanzados. Si despertamos en nuestro interior, ya somos en realidad lo que esperamos ser.
Se trata de ampliar nuestra capacidad de esperar mientras estamos aquí, distendidos en el tiempo. Porque la vida está hecha de instantes y la razón de vivir es creer que el instante siguiente merece ser vivido.
Solo hay que asomarse a nuestro mundo. Detrás de cada noticia referente a la economía, los gobiernos y los partidos políticos aparece más que nunca el hecho abominable de la corrupción y con ella la hipocresía y su peor consecuencia: la injusticia
El profeta anuncia paz a través de la justicia y preferencia por los pobres y pequeños.
Sus rasgos son los propios del hombre sin ego, gracias a su desprendimiento y austeridad, con un mensaje: la "metanoia"
El encanto de Juan es que se trata de un hombre que no pesa, que se quita de en medio. El peligro del maestro espiritual, el predicador y el pastor es acabar por creerse alguien.
"Metanoia" no es un cambio a base de puños, sino de un deslumbrarse por amor o simplemente dejarse amar.
No sabría decir si es un síntoma o el adelanto fílmico de un sentimiento colectivo; pero hoy menudean las películas catastrofistas o apocalípticas sobre el desastre ecológico, el fin del mundo y la destrucción total
¿Estaremos en el fin del mundo? O, ¿por el contrario, en un nuevo comienzo?
Tiene el Adviento un sabor a ir andando, a viaje, a imaginar la llegada, como traqueteo del tren cuando vuelves a casa, o la ilusión de hacer la maleta para unas deseadas vacaciones
Cuando cierro los ojos y, sin pensar, ni darles vueltas a los pensamientos, en un suspiro, aunque sea un solo instante, me sumerjo contemplativamente en el no-tiempo de Dios, surge la alegría del salmo 121, porque no solo vamos alegres a la casa del Señor, una casa tranquila y en paz, sino que ya estamos en ella.
Diríamos que la liturgia nos enseña otra manera de caminar, en contra de la cabeza gacha de muchos de nuestros contemporáneos dormidos por el ruido ambiental, vigilantes, la frente al viento y el corazón alegre.
Suele discutirse si sirven las pruebas filosóficas de Santo Tomás; si se puede probar su existencia o no con la razón; si es cuestión de fe, y un largo etcétera en el que se han debatido pensadores y teólogos a lo largo de la historia.
Nos han presentado retratos y conceptos de Dios que nos dan miedo, nos hacen sentirnos culpables y en muchos casos tan solo con liberarnos de ellos volvemos a respirar. Quizás por eso ahora abundan los ateos y agnósticos.
Hemos engrosado la cabeza por encima de las demás facultades, como la intuición, la identificación connatural de los artistas, la vena mística.
Vive el “ahora” como un agujero de la Presencia. No violentes nada. La vida es fluir, sin retrotaerte al pasado o inquietarte con el futuro. No pienses. No intentes tirar de la cuerda para que baje Dios como un muñeco de feria.
El ego, causa de todos los sufrimientos, no es capaz de eliminar al ego. El ego se disuelve solo por el abandono de sí y el contemplar más allá. Déjate de una vez. Eres el Ser que está detrás del hacer.
“Tu obligación es ser. No ser un personaje ni ser un don nadie -porque ahí hay mucho de codicia y ambición-, ni ser esto o lo de más allá -porque eso condiciona mucho-, sino simplemente ser”.
Orar es “ser”, recuperar la unidad. No hacer propósitos, ni arrepentirse, ni darle vueltas a nada...
Es llegar a olvidarte tanto de ti que llegas a sentirte parte de Él
” ¡No somos tan fáciles de conocer las mujeres!, que (los hombres) muchos años las confiesan, y después ellos mismos se espantan de lo poco que han entendido”.
Lleva adelante su propio camino. Es cierto que se ayuda de confesores, sobre todo de los más ilustrados, dominicos y jesuitas, pero cambia con libertad y frecuencia, según lo necesita. Y no tiene miedo de plasmar sus experiencias en sus escritos, entre sospechas inquisitoriales de iluminismo.
En un momento como el actual de avidez de contemplación, aunque sea en calderilla, con la práctica del yoga, el zen y el mindfulness, ahondar en su autobiografía o en Las Moradas es apuntar al silencio interior, donde el ser humano puede intuir la unidad del todo y el último sentido de la vida.
Si hay dos constantes evidentes en la poesía de Del Río son su conciencia de fugacidad misteriosa y ese incendio respirado en lo hondo de la naturaleza que se le presenta, más que como consuelo, como auténtico estallido de luz, como revelación mística casi sin solución de continuidad entre materia y espíritu.
A la actual fugacidad del libro se añade al triste fenómeno de la marginación de los poetas, el ostracismo de la llamada poesía religiosa. Y digo “llamada”, porque siempre he coincidido con aquella afirmación de Dámaso Alonso de que toda poesía, hable o no de Dios, es religiosa.
En la vida de Del Río confluyen pues afluentes decisivos que marcarán su obra: desde la soledad creativa del huérfano al deslumbramiento de la contemplación que viene de la fe; desde paisajes austeros como el de su tierra natal a viajes y exóticas piedras lejanas empapadas de evocación.
A lo largo de su historia siempre ha habido dos corrientes que se confunden: la fenoménica de los seres humanos que viven en su superficie, sus cargos, su poder, su lado más mundano, y la carismática, menos visible, guiada por el Espíritu, que también sigue ahí
Yo creo que Jesús vive en esta Iglesia, con sus defectos y no solo en ella, y que sigue siendo mediadora para el que sabe mirar más allá de sus miserias o apariencia.
El bombardeo de noticias negativas en los informativos está creando un ambiente angustioso en las personas, que se ven afectadas consciente e inconscientemente.
¿Qué hacer? Algunos han optado por evadirse y no seguir las noticias, porque no pueden más. Otros se hacen negacionistas contra la pandemia, el cambio climático, la veracidad de las noticias
Quizás la única actitud realmente cristiana es cambiar nuestra óptica y mirar con gafas de profundidad. Hay que partir en primer lugar del sujeto que mira, que sigue la noticia
¿Qué es vivir en el centro? Situarse en una zona más íntima, más allá de las capas superficiales que se quedan en la apariencia, una zona serena donde nuestro ser conecta con el Ser
¿Que cómo conseguimos situarnos en ese remanso de paz? Solo hay una llave: el silencio
Las noticias siguen ahí. Pero tú las deglutes de otro modo, sin que te sientan mal al estómago
Teilhard de Chardin decía “Todo cuanto acontece es adorable”. ¿Por qué? Porque somos un punto de una evolución que tiene un sentido y happy end
Ignacio de Loyola llegaría a ser un hombre entre dos mundos, el medioevo y el Renacimiento. Una época convulsa con grandes semejanzas a la nuestra
Con el aumento de la población el acontecer histórico se desarrolla en una mayor escala, las guerras son más sangrientas, las sublevaciones sociales ganan en amplitud y violencia, se complica el gobierno y la administración. Asistimos con los viajes intercontinentales a la primera globalización.
El hombre del Renacimiento se percibe como un superhombre que rompe sus cadenas y así se vuelve más frívolo, pródigo y licencioso. Los propios representantes de la Iglesia, incluidos los papas, se vieron también sumidos en esta transformación,
Íñigo, por su origen, podríamos decir que era lo que hoy llamaríamos “un niño bien”, un “pijo” de entonces, un joven vasco rubio y fuerte que se siente transformado desde su herida en Pamplona
Ignacio tiene un encuentro místico, pero progresivamente matizado con los pies en el suelo. Cree en la Iglesia, a pesar de la corrupción dominante. Su equivalente hoy sería desafección a la misma, por ejemplo, con la pederastia
El maestro Ignacio pone el acento en el corazón unido a Dios más que en los medios y la sabiduría humana
Pero Ignacio no quiso tampoco perderse en los abismos de la mística. Su gran logro fue descubrir la unidad del todo. La clave reside en su “Contemplación para alcanzar amor” llevada a la vida con un gran sentido práctico
Como dice Francisco, “el sueño de Dios para Ignacio no se centraba en Ignacio. Se trataba de ayudar a las almas. Era un sueño de redención, un sueño de salir al mundo entero, acompañado de Jesús, humilde y pobre”
En una palabra, Ignacio hoy recomendaría desde la experiencia y la intimidad con Dios seguir a Cristo cada día, verle en nuestros hermanos y discernir, según los signos de los tiempos, cómo actuar en cada momento.
Don Gabino ha dado un testimonio muy importante de reconciliación y perdón frente a los que vuelven a bordear este precipicio del rencor: "Las trincheras de Dios"
En el camino, la madre de Gabino iba preparando a su marido, que estaba destrozado con el pensamiento de dejar huérfanos a sus hijos. Le decía:“Mira, no vas a querer tú más a tus hijos que Dios"
Unos instantes antes de morir dijo: “Así no vais a ganar la guerra, matando a hombres de bien”.
Al lado había otra fosa con restos de mujeres de izquierdas, a las que había fusilado Líster, por haber tenido un comportamiento desleal a las normas, y sin guardar con ellas ningún procedimiento jurídico
“La Iglesia, lo que más hizo entonces, y que yo recuerdo bien -contra lo que dicen algunos que ¡ya va siendo hora de que la Iglesia pida perdón- era predicar el perdón, que perdonáramos a los que habían asesinado a nuestros padres"
Todas las técnicas no sirven de nada, si conviertes la técnica en un fin en sí mismo. Como la respiración, el mantra repetido, la jaculatoria, la relajación… Lo importante es conectarte con otra dimensión. El verdadero objetivo es encontrar el espacio interior.
¿Dónde soy yo mismo? En el centro, en el corazón de la cebolla, un núcleo que está conectado con el Infinito, con Dios y que no alcanzo porque vivo en el hombre exterior.
Cierra los ojos, respira, toma conciencia de la energía interior que habita todo tu cuerpo y no busques nada, no quieras nada, no pienses en nada. Solo siéntate en tu cielo interior, siéntete, el espacio interior hablará por sí mismo, como gota de agua en medio del mar, como una chispa de todo el fuego, como un niño en brazos de su madre.
No salía de mi asombro. En aquel verano de 1978 acabábamos de enterrar a un papa, Pablo VI, y de elegir a otro, Juan Pablo I, que los medios calificaron enseguida como "el papa de la sonrisa". A los 33 días regresaba a Roma
¿Qué había pasado? ¿Cómo explicar una muerte tan repentina? Ya entonces se desataron las especulaciones: que si estaba enfermo del corazón, que si el estrés había afectado el psiquismo de un hombre que no se sentía con fuerzas para gobernar a la Iglesia, y, como inevitable, la hipótesis del envenenamiento.
El libro publicado en 1984 por Yallop, “En el nombre de Dios”, ofrecía escasas fuentes y pruebas. Pero vendió seis millones de ejemplares al aprovechar el escándalo bancario del Vaticano, que involucró a la logia masónica P2 y al banquero italiano que había muerto en misteriosas circunstancias
El Vaticano organizó un contraataque a través del arzobispo John Foley, que encargó la redacción de un libro-respuesta al periodista británico John Cornwell. Juan Pablo II le invitó a su misa privada y le bendijo el proyecto. La obra se centró en atacar la teoría de la conspiración. Según los argumentos de Cornwell, el breve pontificado de Juan Pablo I se estaba precipitando hacia el desastre y muchos en el Vaticano lo sabían
El obispo Antonio Montero, último responsable entonces de la casa editora de Vida Nueva, me exigió que escribiera al nuncio pidiendo perdón por haber publicado el dossier de Jesús López, aunque yo seguía ignorando por qué, si se había publicado solo como una hipótesis. López fue destituido de su cargo en la Conferencia Episcopal
Yo no sé si lo mataron o no. Pero hay muchos cabos sueltos en esta historia. Desde luego tenía proyectadas reformas importantes en la Iglesia desde su bondad y también ingenuidad
Todos los maestros espirituales insisten que es necesario liberarse de los apegos. No lo intentes, es una tarea imposible, sobre todo por actos voluntarios, a base de puños.
En primer lugar, si de algún modo puedes tomar conciencia de ese apego, has dado el primer paso para liberarte de él.
De pronto descubres un espacio interior, algo que te abre el alma, que no tiene nombre
El apego desaparece solo cuando tu “yo” experimenta, aunque sea un instante, que el todo es más grande que lo concreto.
Nada mejor que celebrar la Pascua desde los ojos abiertos y puros de un niño, nuestro niño, el que fuimos y volveremos a ser de nuevo en la casa del Padre.