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"La cercanía es un sacramento de Dios"
Con lenguaje directo –directísimo-, inteligible y audaz, es decir, evangélico, el papa Francisco acaba de adoctrinar a los obispos acerca del ejercicio de su ministerio en la actualidad. Con el fin de evitar sobresaltos inútiles, acudiendo a la consultoría convivencial del diccionario de la RAE, encuentro las siguientes definiciones empleadas por el papa:
“Lacayo”: persona servil, aduladora, rastrera, o criado de librea cuya principal ocupación era acompañar a su amo a pie o en coche”. “Trepa” : arribista, persona que aspira ambiciosamente, y sin escrúpulos, a conseguir una posición social más elevada, sin tener en cuenta si los medios empleados para ello son éticos o no”.
El contexto en el que el papa Bergoglio hace uso de esta terminología es nada menos que el del recibimiento a un grupo de obispos de España, recién consagrados, con destinos diocesanos en Tarragona, Ávila y Guadix. De entre sus consejos, destaca precisamente el de “no dejaros rodear jamás de sacerdotes lacayos y trepas que buscan siempre algo”. Otros consejos episcopales son: “que nadie tome a Dios como pretexto para levantar muros, derribar puentes -¿”pontífices”?- y sembrar el odio. Sed sobrios y estad siempre a la escucha, y en cercanía real y diaria… La cercanía, que es un sacramento de Dios, contagia y expande su ternura, con las manos abiertas, que acarician y consuelan…”.
Además de resaltar aquí y ahora, y por mi cuenta y riesgo, que difícilmente sea posible abrir las manos y ejercer la ternura y la celebración del sacramento de la convivencia, palaciega o no, fijo ahora mi atención en los conceptos de “lacayo” y de “trepa”.
"Por y para la “trepa”, en cualquiera de sus especialidades civiles, y más, eclesiásticas, hay más vocaciones que para la “Trapa”"
Que conste que de este réspice –“represión o regañina corta, pero fuerte”- pontifico, no fueron los destinatarios los canónigos o allegados, que les sirven a los obispos de retablos en las ceremonias solemnes, en el quehacer diario de la administración diocesana, y hasta en la inspiración y redacción de Cartas Pastorales, edictos y nombramientos, firmados por “Nos por la gracia de Dios”.
Los destinatarios fueron, son, y por ahora, tendrán que seguir siendo, los propios obispos, quienes llegaron a serlo, precisamente por haber ejercido antes de “lacayos o trepas”... El sistema vigente en el nombramiento, que no elección y los criterios que se siguen para “mitrearlos” en sus respectivas ternas, han de presuponer, y presuponen necesariamente haber sido y ejercido de “trepas y lacayos”, con máximo acierto y dedicación.
El concepto de “carrerismo” eclesiástico, tan denostado por el papa, con el que se inscribe y subscribe la llamada por otros “vocación religiosa”, parece demandar y exigir el recorrido del escalafón burocrático, idéntico o similar al de carrera civil, con espectacular mención para la política… En estas esferas no canónicas, pese a enchufes y a compromisos partidistas, las oposiciones se convocan con mayor y más efectiva frecuencia que en los ámbitos diocesanos y curiales, con inclusión de la por antonomasia Curia Romana.
En estas, es la “santa” dedocracia, impunemente revestida de invocaciones al Espíritu Santo, el camino que acerca al episcopado y “crea” a los cardenales, como premio y en reconocimiento a los servicios “personales” prestados. La historia es la historia, y la de la Iglesia cuenta con capítulos sobrados y documentados antes y ahora. Aun reconociendo exageraciones, y hasta invenciones, a veces malvadas y malintencionadas, la reforma de la Iglesia, comenzando por su episcopologio y colegio cardenalicio, es de necesidad evangélica. “Lacayos y trepas” fueron y son títulos de primacía también eclesiástica, tal y como con decencia lo confiesa el papa Francisco, aunque algunos “informadores” religiosos hayan pretendido desviar la culpa a los segundones de siempre, en este caso coincidente mayoritariamente con miembros de los cabildos catedralicios…
En la cofradía de no pocos negociados de informadores -oficinas de prensa- diocesanas y nacionales, faltan profetas y sobran “Nihi¡l Obstat”. Por y para la “trepa”, en cualquiera de sus especialidades civiles, y más, eclesiásticas, hay más vocaciones que para la “Trapa”. (Perdonen esta digresión sanamente humorística).
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