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'Alto y bajo clero'
El tema-eje de esta reflexión se concentra en cuanto es y se relaciona con lo que se suele llamar “carrera eclesiástica”, identificable con actitudes, trabajos, tareas o ministerios que se dicen y se “viven” como religiosas y a las que el sentido común y la lógica obligan a enclaustrar entre los correlativos interrogantes de cada una de las palabras “carrera” Y “eclesiástica”. El pueblo-pueblo sufre las consecuencias de la abismal discordancia y los rebautiza con la expresión pedestre, vulgar, malsonante, discriminatoria, ordinaria y, en definitiva, feudal, de “Alto” y de “Bajo”- clero. ¿Hay quién dé más?.
“Carrera”, y además “eclesiástica”, se aplica a toda actividad a la que se dedican los curas, obispos, arzobispos, metropolitanos, cardenales y demás números y dignidades del escalafón, en el que están situados, o esperan estarlo algún día, previa “oposición”, “a dedo” o por cualquier otro procedimiento más o menos legítimo, y espiritualmente aceptable, con sus respectivos emolumentos, en esta vida y en la otra.
El diccionario de la RAE nos sale salvadoramente al encuentro con la mejor de las intenciones y nos sirve, entre otras, estas definiciones:
“Carrera” = “conjunto de estudios que hacen a una persona apta para ejercer una profesión”. “Hacer carrera”= prosperar en una profesión”. “Profesión” = “actividad en la que una persona trabaja a cambio de un salario”. “Salario”= cantidad de dinero con que se retribuyen los trabajos preferentemente manuales”. “Retribuir” = “remunerar, pagar…” Al término “Iglesia” –“eclesiástico/ca”- , y con el “Nihil Obstat” del académico jerárquico de turno, el diccionario le adscribe la definición de “comunidad formada por todos los cristianos que viven la fe de Jesucristo”.
Equipados con tal riqueza verbal y escrita, ¿será posible seguir llamando “carrera” a la sobreseída “eclesiástica”? Tanto en su preparación como en su desarrollo y actividad ¿Se trabaja al igual y por las correspondientes aspiraciones a las de cualquier otra actividad o motivo?. ¿Resultan ser los motivos económicos los que prevalecen sobre otros, tal y como pudieran los sobrenaturales, inherentes al concepto de “vocación” con el que se arropan y subliman “profesiones” como la clerical?
De entre todos los grados que configuran la actividad tenida y considerada normalmente como “carrera eclesiástica”, ¿A cuántos números de sus escalas en la sociedad actual podrían aplicárseles la terminología profesional o laboral propia y al uso? Aparte de que, pese a quejas y reclamaciones de algunos, de que precisamente la “eclesiástica” no se encuentra entre las más pingües y remuneradas, para pocos es un secreto que en dignidad, en “dignidades”, y en ejecutoria, la “carrera eclesiástica” ocupa puestos relevantes de consideración cívico social cierta y representativamente estimables.
La “carrera eclesiástica” jamás, y por los siglos de los siglos, podrá ser ni “carrera” ni “eclesiástica”. Los devotos del “carrerismo” que se dice religioso, mienten ya desde la raíz de sus planteamientos elementalmente espirituales, encubiertos los términos en los hábitos talares y en palabras y conceptos que dicen sagrados y aún sacramentales, tanto en los ámbitos del “alto” como del “bajo” clero.
La denuncia de no pocos componentes de la misma carrera eclesiástica que llegan ya a proclamar, y a denunciar, la obsesión clerical todavía vigente, de identificar la religión con el pecado y la liturgia, está soberanamente subscrita por el propio papa Francisco con su doctrina y repetidos testimonios de vida.
Por tanto, de “carrera eclesiástica”, y de “alto y bajo clero”, nada de nada o “¡líbranos, Señor!”, Amén
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