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Versos que ENCUENTRAN A DIOS 1

Versos que ENCUENTRAN A DIOS 1
Versos que ENCUENTRAN A DIOS 1
Nido de poesía: Nicolás de la Carrera
15 jun 2020 - 10:44

La imprevisible presencia de Dios

“Versos que buscan a Dios”, titulábamos la pasada carpeta. “Versos que encuentran a Dios”, rotularemos la presente entrega. Lo que nos suele ocurrir es que interpretamos como suerte o casualidad el suceso que, acaso, algunos llamarían Revelación o Presencia. Dios se revela, al tiempo que se vela. Como ser invisible, suele manifestarse con mediaciones sensibles. Ejemplo bíblico: la zarza ardiendo (“¡Descálzate, pisas tierra sagrada!).

Me permitiré acercaros un ingenuo relato entre un sacerdote y su madre. Así nos lo refiere el hijo, Leonardo Boff, en diálogo con su escasamente letrada madre:

seponeelsol19
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Tú que eres cura ¿ya viste a Dios?

–Yo le dije: "Madre, uno no ve a Dios".

Pero ¿cómo?, tantos años de cura y no has visto a Dios; esto es una vergüenza para un cura.

–Le dije: "Madre, ¿usted lo ve?"

Claro que lo veo. De vez cuando, a la puesta de sol, las nubes se ponen de una determinada manera; yo me quedo mirando y Él pasa con su manto, sonriendo, y detrás viene tu fallecido padre, mirándome y riendo, y yo me quedo toda la semana con alegría en el corazón.

–Y me miraba con una tristeza infinita: “¿cómo es posible que los curas no vean a Dios?” La que es teóloga es ella, comenta admirativamente Leonardo.

En el intenso diálogo con nueve experiencias, nueve poemas, que presentamos, descubriremos la ingeniosa, la inagotable encarnación de un Dios que sugiere caminos, respeta itinerarios.

LOS SESENTA SEGUNDOS DEL MILAGRO

hombremedita84
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Desconecta la radio Manuel Mantero para hablar con Dios como un amigo. Un minuto de silencio, solo un minuto, sesenta segundos de milagro. Es el instante de la paz. Quien reza, y hasta las cosas que nos rodean, todo regresa a su centro vivo. Se detuvo el tiempo. Alegría blanca... Vuelve a sonar la radio. Y se apagará de nuevo para vivir otro minuto de amor y eternidad. Sugerencia: se habla de un tiempo mágico, misterioso, más allá del tictac del reloj, como cuando los niños se entregan al juego y a la fantasía. Monjes contemplativos así elevaban el corazón al cielo muchas veces al día, en breves jaculatorias suspiradas y ardientes, resonando en su alma la consigna de Pablo y el Maestro: “Orad incesantemente” (1 Tes 5,17).

UN MINUTO DE SILENCIO

Se han ido todos a dormir. Se queda

el hombre frente al Dios nunca cogido,

hablándole de tú. La radio canta,

cuenta incansable (¡el Dios siempre escondido!),

y yo borro las voces con la misma

obcecación de abril que un asesino.

Sólo pido un minuto, los sesenta

segundos del milagro.

Lo divino

corea el cuarto, afianza su oro sobre

la camilla, el teléfono, los libros.

Es el instante de la paz. Regresan

pulsos y objetos a su centro vivo,

se asombra el tiempo como un niño ingenuo

por el agua del sueño detenido

y una ráfaga blanca de alegrías

vuelve canos cabellos y sentidos.

Luego, yo, el hombre, me levanto, enciendo

la radio y del milagro me retiro.

(Solamente un minuto de silencio

en conmemoración de lo vivido.)

LA IMPREVISBLE PRESENCIA DE DIOS

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Experimenta Vicente Gaos un emocionado encuentro con Dios en el escenario fascinante de una mágica tarde, tumbado en el césped observando los árboles y su póstuma luz. No es fácil describir la emoción. ¿Qué significa “Siento de pronto / cuán musical es el cielo?" Percibe el poeta que un mágico viento presagia inminentes sorpresas. Incorpora al universal concierto sus propias manos, que danzan y acarician la plenitud prodigiosa que ondea en los alrededores. Y todo tiembla, “vientos, árboles, cielo, luz...”, invadido por el misterio: “¡la imprevisible presencia / de Dios entre todas las cosas!” Sugerencia: a lo mejor es interesante escuchar música tendido en el suelo, por ejemplo. Y jugar con las manos expresando sentimientos, acariciando a Dios en la belleza de las voces y los instrumentos...

HERMOSA PRESENCIA

Sólo en algunas tardes,

resulta que Dios es evidente.

Tendido sobre el césped,

los ojos atesoran la luz total que confunde.

Siento, de pronto,

cuán musical es el cielo,

¡qué sencillos, qué dulces,

y qué precisos los árboles,

ceñidos por el postrer rayo solar!

Escucho el viento,

¡mágico, revelador!,

su mansa costumbre,

envío de los celestes confines,

donde hoy adivino el presagio

de la sorpresa inminente.

Así ocurre que ahora

muevo en el espacio las manos

y las advierto tangibles

para la plenitud prodigiosa,

para lo cierto invisible,

que a mi lado se cierne,

ondeando.

¡Oh súbita presencia,

del mundo núbil, del milagro!

Trémulo todo:

vientos, árboles, cielo, luz,

contornos que apenas podéis

en la tarde albergar

el invasor misterio.

¡La imprevisible presencia

de Dios, en todas las cosas!

YA SABE VUESTRO PADRE DEL CIELO QUE TENÉIS NECESIDAD DE TODO ESTO

lospajarosdelcielo2
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Incluimos, en esta sección de “Misteriosa presencia”, un texto evangélico del Poeta Jesús de Nazaret. El capítulo 6 del Evangelio de Mateo engasta para nosotros, en el pecho de la Biblia, una hermosa joya de mil destellos que me atrevería a llamar “Discurso de la confianza”. A hombres y mujeres en economía de subsistencia, y a los humanos todos, así nos consuela y exhorta quien es Camino, Verdad y Vida. Sugerencia: sería interesante, como “composición viendo el lugar”, imaginarnos a Jesús sentado en el campo y rodeado de flores y avecillas. A su alrededor gente sencilla, pobre, que le escucha con interés. ¿Por qué no imaginarme, en una segunda lectura, a mí mismo sentado, sentada, en ese grupo? ¿Qué siento, qué pienso?

NO OS ANGUSTIÉIS POR VUESTRA VIDA...

No os angustiéis por vuestra vida

pensando qué vais a comer o a beber;

ni por vuestro cuerpo, pensando

con qué os vais a vestir.

¿No vale más la vida que el alimento,

y el cuerpo más que el vestido?

Fijaos en los pájaros: ni siembran,

ni siegan, ni almacenan;

y, sin embargo, vuestro Padre celestial los alimenta.

¿No valéis vosotros más que ellos?

¿Y quién de vosotros, a fuerza de agobiarse,

podrá añadir una hora al tiempo de su vida?

Y del vestido, ¿por qué preocuparos?

Observad cómo crecen los lirios del campo,

y no trabajan, ni hilan. Pero yo os digo

que ni Salomón, en toda su gloria,

se vistió como uno de ellos.

Pues si Dios viste así a la hierba

que hoy está en el campo

y mañana se echa al fuego,

¿no hará mucho más por vosotros,

gente de poca fe?

Con que no andéis agobiados pensando

qué vais a comer o qué vais a beber,

o con qué os vais a vestir.

Son los paganos quienes ponen

su afán en estas cosas.

Ya sabe vuestro Padre del cielo

que tenéis necesidad de todo eso.

Buscad primero que reine su justicia,

y todo eso se os dará por añadidura.

Así que no os inquietéis por el día de mañana,

que el día de mañana traerá su inquietud.

A cada día le basta su afán...

liba485
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POESÍA PARA MEDITAR

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Versos que BUSCAN A DIOS

1. Abrir los ojos y mirar

CANCIÓN DE MI CEGUERA, de Francisco Garfias

ES UNA TARDE CENICIENTA Y MUSTIA, de Antonio Machado

SEÑOR, QUE ME HAS PERDIDO LAS GAFAS, de J. A. Muñoz Rojas

2. Golpeado por la luz de las estrellas

LAS MANOS CIEGAS, de Leopoldo Panero

SIN LA MANO DE DIOS, de María Elvira Lacaci

ESTO ES LARGO Y OSCURO, de José Antonio Muñoz Rojas

y3. Hombre de Dios me llamo, pero sin Dios estoy

BÚSQUEDA, de Griselda Álvarez

SALMO INICIAL, de José María Valverde

ALGO MÁS ESTOY SIENDO, de José García Nieto

Versos que ENCUENTRAN A DIOS

1. La imprevisible Presencia de Dios

UN MINUTO DE SILENCIO, de Manuel Mantero

HERMOSA PRESENCIA, de Vicente Gaos

NO OS ANGUSTIEIS POR VUESTRA VIDA, de Jesús de Nazaret

2. Aquí tu aliento y tu Presencia viva

ESTA CASA, SEÑOR, ES COMO UN TEMPLO, de Jesús Mauleón

DIOS ENCONTRADO, de Carlos Murciano

SU MANO TRANSPARENTE SOBRE EL HOMBRO, de Enrique Badosa

y3. Era Dios lo que tenía dentro de mi corazón

ANOCHE CUANDO DORMÍA, de Antonio Machado

HIJO MÍO QUE ESTÁS EN LA TIERRA, de J. L. Martín Descalzo

¿CÓMO…?, de Miguel D’Ors

liba485
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