El CERVANTES para J. E. PACHECO 2: peces, pájaros, monos...
Sugerí en el anterior post (pulsar aquí) que José Emilio Pacheco dialoga, en su poesía, como Francisco de Asís, con todos los seres vivos de la creación. Dialoga o algo por el estilo, como observar amorosamente, sentir solidariamente, denunciar justicieramente... Aunque le percibo, en casi toda su obra, un poco pesimista y un mucho tristón, hasta llegar a comunicarnos literariamente, en repetidas ocasiones, su personal profecía de apocalipsis laico con que nos amenaza.
Como curioso naturalista, se aproxima a ejemplares de la fauna y flora más próxima, a su hermosura, a sus sabias estrategias de supervivencia. Y como ecologista lúcido, denuncia el comportamiento explotador del hombre contemporáneo, que no valora en su justa medida la maravilla que son tan increíbles seres. Casualmente ayer mismo me llegó de una amiga, vía email, un sugerente eslogan ecológico que firmaría entusiásticamente Pacheco, y pienso que resume el espíritu de su fervor zoológico:
Este pensamiento venía acompañado del dibujo de un burro, que acompaña este post. A lo mejor ni los burros son tan burros, ni los humanos tan humanos.
Sus poemas de animales (su bestiario) nos ofrecen fábulas de luz que señalan, al caminante en búsqueda, un modelo de ser humano que considera el planeta tierra como hogar de fraternidad, sin radicales fronteras de especies, en universal abrazo de respeto, de colaboración y paz.
Personajes que desembarcan por las estrofas de su arca de noé son, por ejemplo, halcones, ballenas, moscas, hormigas, cocuyos, cerdos, pulpos, ratas, perros, ostras, sapos... De algunos de ellos hablaremos hoy y en sucesivas entregas.
BREVES ALAS DE SILENCIO
Reflexiona el poeta frente a una pecera, "río inmóvil", en la encerrada víctima, pensando que, si los humanos se suicidan arrojándose al mar o al río, el pez cautivo suspiraría por arrojarse al aire y nadar en su mortal oleaje. Un hombre libre no soporta prisión ni para los peces de colores:
NO SÉ QUÉ BUSCA EL PÁJARO
Veamos ahora un sencillo poema publicado treinta años después. El exquisito poeta, en simplificado texto, describe la nocturna visita de un pajarillo que le anuncia que, a la mañana, incendiando la oscuridad, volverá a salir el sol y la alegría:
CONCEDAMOS: ES FEO COMO EL DIABLO
El siguiente poema pertenece al libro "Islas a la deriva" (1973-1975), en la sección "Especies en peligro". Han pasado treinta años y el zopilote rey (en la fotografía) prácticamente ha desaparecido de Chiapas y Yucatán.
El zopilote huele mal porque se alimenta de carroña. Su vuelo es majestuoso, con cerca de dos metros de envergadura, para descubrir desde lo más alto cadáveres que devorar (su pico es muy fuerte para desgarrar con facilidad duras pieles, carne, huesos...). Conmueve la ternura del poeta mexicano a lo largo de estos versos, donde defiende, con amor y respeto, al siniestro pajarraco de la fealdad y las pedradas...
NACIDO AQUÍ EN LA JAULA
Cerramos página con su conocido poema sobre los monos enjaulados. En la hermosa fotografía que acompaña al poema, observamos un babuino encarcelado. Son tan semejantes a nosotros que es muy fácil descubrir, en la tristeza de sus ojos, oscuras sombras de dolor y desesperanza. Aquí nació, aquí morirá. "Sólo muerto me sacarán de estas brutales rejas."
El CERVANTES
PARA JOSÉ EMILIO PACHECO.