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Pasará al menos tres meses más en la cárcel; su recurso no se considerará hasta junio
El cardenal George Pell espera conocer su sentencia por pederastia aislado en su celda 23 horas al día y con la prohibición de celebrar la misa. Son algunos de los detalles de la vida del otrora Prefecto de Economía de la Santa Sede en una cárcel de Melbourne tras haber sido enviado a prisión por el abuso sexual de dos menores.
Según informa el periódico The Australian, el régimen de aislamiento solitario que actualmente vive el purpurado, de 77 años de edad, se debe a que funcionarios penitenciarios del estado de Victoria le han calificado como preso "en riesgo", por factores como su edad, su fama y la naturaleza de los crímenes por los que ha sido condenado. En otras palabras, se considera que Pell puede sufrir ataques físicos por parte de alguno de los otros más de doscientos presos con los que comparte cárcel.
La prohibición que se le ha impuesto de celebrar la misa, por su parte, obedece a que los reos no pueden tener acceso a vino, además de la norma de las prisiones victorianas que ordena que los presos no puedan liderar ningún tipo de oficio religioso.
No cabe ninguna duda de que es dura la nueva vida de Pell en la cárcel. Aunque The Australian informa que al cardenal le sostiene en prisión su convicción de inocencia y sus rezos diarios del Oficio divino -parte de los cuales, se dice, ofrece por sus víctimas- las tribulaciones que está sufriendo durarán al menos tres meses más, tras la confirmación de que su recurso de apelación no se considerará hasta el 5 y 6 de junio.
Entretanto, la próxima cita del cardenal caído será el próximo 13 de marzo, cuando acudirá a los tribunales de Melbourne para conocer la pena que el juez le imponga en primera instancia, que puede ser de hasta diez años de cárcel por cada uno de los cinco delitos por los que ha sido condenado.
El cardenal ha apelado su condena sobre la base de tres argumentos: que el veredicto fue "poco razonable", que el juez erró al no permitir que la defensa mostrara un vídeo supuestamente exculpatorio en la parte final del juicio, y que hubo una "irregularidad fundamental" en el juicio que consistió en que el acusado no fue procesado en presencia de un jurado.
El juez que encabezó el juicio, no obstante, en su discurso final calificó los crímenes de Pell como "delitos descarados y crueles", además de "conducta escandalosa" en el ejercicio de la cual el cardenal "obviamente sintió algún grado de impunidad".
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