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Obispo de Parramatta: "No somos la Iglesia de Pell, sino la de Jesucristo"
Rebelión en la Iglesia australiana a cuenta de la condena por pederastia al cardenal George Pell. Profesores y personal de la Universidad Católica Australiana (ACU, por sus siglas en inglés) han dado un paso al frente ante la negativa de gran parte de la jerarquía a aceptar el veredicto y han pedido que el nombre del purpurado abusador se borre de un centro universitario y que su retrato se retire de otro aula.
Tal y como informa el periódico local The Courier, trabajadores de la ACU han solicitado al presidente de la Universidad, John Fahey, que se renombre el Centro Pell en Ballarat, el pueblo natal del prelado condenado por abusos, y que se descuelgue un cuadro suyo de un campus de la ACU en Sídney.
Los solicitantes también piden que se sancione al rector de la ACU, Greg Craven, por insistir en un email interno y también en un artículo de opinión publicado en periódicos nacionales que el cardenal condenado no tuvo un juicio justo, lo que, en opinión de los peticionarios, muestra una "falta de reconocimiento" y una "indiferencia" hacia los supervivientes de abusos.
"Las convicciones personales del profesor Craven no son representativas del personal a los que nos preocupa la protección de menores, el apoyo a los supervivientes del abuso sexual y el respeto al sistema judicial de nuestro país y sus resultados", se lee en el mensaje, que también reclama del rector más "integridad y responsabilidad social" y que contribuya a "reconstruir la confianza pública en la Iglesia".
Este conflicto que ha estallado en la ACU es solo una muestra de las profundas grietas que se han abierto desde que Pell fue hallado culpable de abusos a dos menores en el que un comentarista calificó como "el peor día de la historia de los 231 años del catolicismo australiano".
Otro foco, aparte de Craven, de la ira hacia la jerarquía ha sido el sucesor de Pell como arzobispo de Sídney, Anthony Fisher, quien fue blanco de críticas tras insistir en su homilía el pasado domingo en la catedral que "no hay que ser demasiado rápidos para juzgar" a Pell y que el cardenal estaba ofreciendo su estancia en prisión "por los inocentes que sufren".
Aún así, en medio de la falta de sentido pastoral de gran parte de la jerarquía y 'establishment' católicos australianos, ha habido reacciones bastante más sensatas, como la del obispo de Parramatta, Vincent Long, quien en una carta pastoral tras la condena a Pell se desmarcó del cardenal y de la tendencia ultraconservadora que Pell ha impuesto sobre la Iglesia australiana durante más de dos décadas.
"Incluso entre católicos, hay un sentimiento de vergüenza y enojo por la traición que los crímenes de abuso sexual por clérigos representan, y la hipocresía que revelan", reconoció Long en su misiva, afirmando que "quizás" la "marca católica" australiana ha sufrido un "golpe duro" a cuenta de los escándalos. "Pero no somos un mercado ni un culto popular", recordó el prelado, afirmando que la Iglesia "somos primero y siempre una comunidad de discípulos siguiendo a un único maestro, Jesucristo".
"No somos la Iglesia de un único líder en particular, sea el Papa Francisco o el cardenal Pell o cualquier otro obispo", recordó el obispo de Parramatta.
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