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"Te pueden llevar preso, te puede retener en el 'checkpoint'"
Los puestos de control militares israelíes, que se han multiplicado desde el inicio de la guerra en Gaza, desaniman a los palestinos cristianos -incluso con permiso israelí- a visitar Jerusalén esta Semana Santa y, en ella, el mayor símbolo del cristianismo: el Santo Sepulcro.
«Te pueden llevar preso, te puede retener en el ‘checkpoint’. Todo sin razón alguna, o mejor dicho, ser palestino es la única razón», dice a EFE Jhon, cuya familia regenta un restaurante en Belén desde hace más de 50 años.
Por su parte, el comerciante cristiano, Louis Mickel, explica que acude todos los días a misa en Belén, junto a la Basílica de la Natividad, pero que a Jerusalén solo puede ir en esta época del año. Aún así, esta Semana Santa no va a hacerlo por miedo.
"Solo puede ir en esta época del año. Aún así, esta Semana Santa no va a hacerlo por miedo"
«Nosotros (los palestinos) no podemos ir a Jerusalén (a diario) porque necesitamos permiso (israelí). Solo nos dan (uno con la duración de) una semana para ir y celebrar, o visitar las iglesias, lo que es muy triste», explica a EFE.
De acuerdo con la Oficina de protocolo de la Custodia de Tierra Santa, el Gobierno israelí otorgó -a fecha de 13 de abril-, 7.000 permisos con una duración de una semana para los cerca de 50.000 palestinos cristianos que residen en Cisjordania ocupada.
La vecina Razan Nassar, de 34 años, coincide con que Israel está limitando el acceso de los cristianos a los lugares sagrados donde «Jesús fue crucificado, donde creció» en Jerusalén.
«Yo tengo permiso, lo que quiere decir que podría ir. Pero el puesto de control militar (a Jerusalén) lo cierran a las 13:00 horas», añade el joven. La oración del Jueves (Santo) es a la noche, por lo que no sabe si los militares israelíes le dejarán ir.
Las restricciones de movilidad y la represión militar no solo limitan la presencia cristiana en las festividades religiosas, sino también su economía, obligando a muchos residentes de Belén, aseguran, a emigrar.
Desde la puerta de su negocio, Mickel, cuyos hijos emigraron a Italia y España debido a la crisis, se enfrenta a las calles desoladas de Belén, que en estas fechas solían estar abarrotadas de turistas; más cuando esta Semana Santa coincide tanto para los católicos como para los ortodoxos.
A menos de cinco minutos de allí, los dueños de una fábrica de figuritas de madera de olivo intentan atraer a los pocos turistas que han visitado la ciudad a pesar de los controles israelíes, la guerra en Gaza o la violencia colona y militar en Cisjordania ocupada.
«Uno llega con la idea (…) de que va a haber demasiado turismo, demasiada gente y realmente (…) hemos estado en lugares muy importantes y había muy poca», dice a EFE Diana Espina, una peregrina colombiana que visitó Belén hace dos días con su familia.
Nabil Jakman, también cristiano, cuenta que la crisis lo obligó a cerrar una de sus tiendas en el centro de Belén y que lucha por mantener la fábrica. Él y su familia, en años previos, solían dejar su negocio en manos de palestinos musulmanes a fin de visitar Jerusalén y participar en las misas del Domingo de Ramos, el viacrucis y el Domingo de Resurrección.
«Yo solía tener un permiso de 24 horas por todo el año, pero cuando la guerra empezó (en Gaza) me lo cancelaron. Ahora por la Pascua nos dieron uno para una semana, pero es difícil», asegura.
Jackman dice que aunque podría viajar a Jerusalén no lo hará por temor al control militar a la entrada y salida de Belén: «Yo quiero ir a rezar, no estar bajo su vigilancia”, sentencia.
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