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Destinar la financiación del armamento al desarrollo de los países, el camino más corto hacia la paz
(Vatican News).- Hay realidades que a menudo se retroalimentan y plantean serios obstáculos al mantenimiento de la paz y la seguridad internacionales: la pobreza, el subdesarrollo, los conflictos, desafíos interconectados que deben ser abordados en sus causas más profundas para ofrecer a las nuevas generaciones un desarrollo integral y una paz duradera.
La Santa Sede, al intervenir el lunes 23 de junio en Nueva York en el debate del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas titulado Pobreza, subdesarrollo y conflicto: implicaciones para el mantenimiento de la paz y la seguridad internacionales, observó que, en la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible, la comunidad internacional reconoce que la eliminación de la pobreza en todas sus formas y dimensiones es “el mayor desafío mundial y una condición indispensable para el desarrollo sostenible”.
Este compromiso compartido, dice la declaración, “subraya la urgente responsabilidad moral de abordar las causas profundas de la pobreza que a menudo están asociadas con la injusticia, la exclusión y la negación de los derechos fundamentales”.
La Santa Sede recuerda que ya en 1967 el Papa Pablo VI declaró proféticamente que «el desarrollo es el nuevo nombre de la paz» (Populorum progressio, 76), mientras que el Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia destaca que «la paz no es simplemente la ausencia de guerra» (494), sino más bien, como se hizo explícito en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, «la promoción activa de la fraternidad humana, la cooperación y la prosperidad compartida para todos».
El desarrollo humano integral representa pues “no sólo un imperativo moral para toda la humanidad, sino también un camino concreto hacia una paz más justa, inclusiva y duradera”. Al respecto, la Santa Sede expresó a la ONU su preocupación “por el creciente gasto militar que desvía importantes recursos de las inversiones en sectores de desarrollo como la salud, la educación y la infraestructura”.
En este contexto, renueva su propuesta de creación de un fondo mundial financiado en parte mediante la redistribución de recursos actualmente destinados a armamentos. Se cree que dicho fondo podría contribuir significativamente a la erradicación de la pobreza y el hambre, así como a la promoción del desarrollo en las regiones más desfavorecidas del mundo. Esto promovería un camino más justo y sostenible hacia la paz y protegería y promovería la dignidad humana. Una paz duradera requiere un compromiso con el desarrollo humano integral que “defienda la dignidad dada por Dios a cada persona y promueva las condiciones necesarias para la justicia, la solidaridad y el bienestar de todos”.
La Santa Sede concluyó su declaración subrayando la importancia de situar el desarrollo humano integral “en el centro de la revisión actual de la arquitectura para la consolidación de la paz” y de promover una cooperación reforzada entre los Estados Miembros al servicio de la paz.
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