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Patriarca latino de Jerusalén, en Pentecostés: "Estamos llamados a decidir"
(AICA).- El cardenal Pierbattista Pizzaballa, patriarca latino de Jerusalén, celebró la misa de la solemnidad de Pentecostés en la Abadía Benedictina de la Dormición de María, cerca del Cenáculo. Refiriéndose a las realidades de Tierra Santa, reconoció el sufrimiento, la división y la desesperación, especialmente en Gaza, que se ha convertido en símbolo del dolor de la región.
El patriarca subrayó que esta realidad está muy lejos del espíritu de Pentecostés que une. Sin embargo, indicó, nuestra llamada es a vivir en el espíritu, no en la carne, que se asemeja a nuestra fragilidad y al primer Adán. "Unidad, Diversidad, Comunidad, Relación, Compartir, Entrega, Amor, Paz, estas son las palabras que resuenan en Pentecostés cuando hablamos del don del Espíritu Santo y del nacimiento de la Iglesia".
"Esta realidad está muy lejos del espíritu de Pentecostés que une"
Y añadió: "Parecen muy alejados de lo que estamos viviendo en este momento. Las consignas que escuchamos están bajo la bandera del odio, la desconfianza, el desprecio y la división, pero también de incomprensión, abandono y soledad".
De ahí que el cardenal franciscano aseguró que "hoy estamos llamados a decidir. Ya sea para dejarnos guiar por el Espíritu Santo que hemos recibido y que está en nosotros, ya sea para convertirnos en los que dan expresión a la vida de Dios en nosotros, al Espíritu que Jesús ha infundido en nosotros, o si dejar que la carne determine nuestras elecciones, es decir, si vivir solo como los que están hechos del polvo de la tierra, como el primer Adán".
Para el cardenal Pizzaballa, "no se trata de volverse irénicos, de ver un mundo ideal y distanciarnos de la dolorosa realidad que vivimos", sino de "ser capaces, a pesar de todo, de dar la vida, de comprometernos con relaciones que abren horizontes, de comprometernos a construir donde hoy todo parece estar destruido; en otras palabras, de comprometernos con ese primer don que Jesús dio a sus discípulos en el Cenáculo: la paz".
Pero, advirtió, "no debemos esperar a que otros lo hagan. Los discípulos lo han recibido con el Espíritu y, por lo tanto, deben comunicar lo que ya poseen, construirlo, realizarlo, siempre y en todas partes, a pesar de todo. Colaborando con cualquiera para compartir ese don precioso, la paz, que ya está en ellos, en su corazón indiviso".
"¿Resolveremos los graves problemas que afligen a Tierra Santa?", fue la pregunta final del patriarca. "Probablemente no", fue la respuesta. "Pero podemos y debemos seguir siendo una voz diferente, un estilo diferente, compartiendo una forma diferente de vivir en Tierra Santa". Esta, concluyó, "es quizás la primera y más importante misión de la Iglesia de Jerusalén hoy".
La misa concluyó con pétalos de rosa cayendo del techo, simbolizando el descenso del Espíritu Santo sobre la Iglesia.
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