Qué horror de puertas cerradas (II Domingo de Pascua)
Miedo, ¿no? Horror de puertas cerradas en aquellos hombres que iban a tragarse el mundo. Pero Jesús resucitado rompe los esquemas y las paredes. Saluda con la paz, como Dios y la cortesía judía mandan. Les prueba bien quién es mostrándoles las llagas. Los llena de alegría. Vuelve a saludarlos con la paz. Les da su aliento y su Espíritu.
Como el miedo es bastante más general de lo que el buen tono suele ocultar, y menos “libre” que lo que el dicho popular afirma, no estará de más que los seguidores de Jesús –entre ellos, tantos miedicas-, le pidamos su paz, su presencia y su aliento.