Soy latino, vascón y visigodo
El mundo no está para localismos. Ni para sentimientos de rincón. Amar nuestra tierra chica sí. Pero no con una mirada tan miope que hagamos de ella el centro del mundo. Ni lo abierto de las comunicaciones ni las mil variadas maravillas a nuestro alcance permiten centrarse tan apegadamente en lo propio que olvidemos lo humano. También lo humano en pobreza y necesidad. El humanismo verdadero estuvo siempre por la mirada ancha y universal. Lo piden la inteligencia y los lazos estrechos que nos unen a nuestros semejantes. Para los creyentes, los motivos se doblan o se multiplican. Espero que los versos siguientes transmitan esta verdad por sí mismos y sin glosa.