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Tras de un amoroso lance

Juan de la Cruz lo dijo para siempre. Poetas más modestos, sin que suene a desmesura, lo intentamos decir para la misma eternidad. Después de todo, lo eterno es atributo divino y a los humanos nos es dado, en un “amoroso lance”, volar hacia la Altura, tratar de dar “a la caza alcance”. El mundo, la vida, las gentes, las criaturas, los acontecimientos... Todo nos puede llevar a Él. Y afirmar en nosotros el incontenible deseo: “Descubre tu presencia, / y máteme tu vista y hermosura; / mira que la dolencia / de amor que no se cura / sino con la presencia y la figura”.

Y no podía más. Desde la necesidad, desde la nada, el poeta subió, voló sobre el amor y a punto estuvo “de tenerlo en sus ojos para siempre”.

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