Poeta: El don inmerecido y humilde de crear
Vayan las siguientes líneas a la memoria de los autores del Cantar de los Cantares, de los Salmos, de los varios Isaías, de algunas páginas notables del Nuevo Testamento. Vayan a la memoria de San Juan de la Cruz, de Fray Luis de León y todos sus grandes colegas de los siglos de Oro, Lope, Góngora, Quevedo… Vayan a todos aquellos que, en cualquier nación, en la Iglesia y fuera de ella, no consideran la palabra poética como un mero adorno, o como una mera habilidad en la superficie comunicativa de algunas personas. Vayan a la memoria y el respeto de todos mis compañeros sacerdotes poetas. Y vayan, por supuesto, a la memoria de todos los que, desde cualquier rincón de las creencias, han recibido de Dios y de la naturaleza esta llevadera pasión, este delicado oficio de amar y poner a vivir y a vibrar la palabra.