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Oración de Cuaresma: El modelo de Jesús

Señor Jesús: Tú eres el modelo de nuestra cuaresma y de nuestra vida entera. Y tu cuaresma –la del desierto, la oración, el ayuno, las tentaciones- no se entiende como un episodio triste y confuso, sino como una batalla librada con armas de luz y acabada en la victoria y el autodominio soberano. “No tentarás al Señor tu Dios”, te pone el evangelista en los labios… No, Señor Jesús. Nada en ti puede ser confuso ni triste. Tú eres la claridad y “la luz verdadera”. Tú el que “vendas los corazones desgarrados” y anuncias la “buena noticia”, la noticia feliz “a los pobres”…

Tres tentaciones y para algunos expertos comentaristas una única tentación, prolongada en el tiempo: abandonar tu sacrificada Misión de Salvador, buscar tu interés y hacer tu propia vida.

Haznos entender, Señor, que “no sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios”. Ayúdanos a cuidar nuestra salud y a respetar nuestro cuerpo sin adorarlo, sin vivir pendientes de él como si únicamente fuera verdad lo que se ve y se toca… Danos tu gracia para sabernos espirituales, barro echado a soñar (y a volar) por el soplo creador, carne y espíritu encendidos en la llama divina… Mete, Señor, en nosotros el deseo de tender a la altura, de purificarnos más y más, de ascender como tú y hacia ti. Haznos tan humanos –y tan divinos- como tú ante la pobreza, la enfermedad y la desgracia ajenas.

Ayúdanos, Señor, a arrepentirnos y a creer y a entrar cada día más en el evangelio que tú predicaste y viviste, a recibirte a ti y a tu palabra como la más alta sabiduría, a meternos hasta el fondo como en un agua profunda en el misterio salvador y feliz de tu muerte y tu resurrección, a sumergirnos de alma y cuerpo en tu Pascua-alta mar de vida nueva.

Ven, Señor a nuestra cuaresma. Acompáñanos. Llévanos de tu mano. Danos tu fuerza para vencer las tentaciones que nos llegan de fuera y las que siempre van con nosotros. Sé tú nuestro modelo, nuestra alegría y nuestra luz. Sé tú nuestra verdad, nuestro camino seguro y único en el desierto de la vida.

Amén.

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