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Y Dios estaba allí

No es necesario ser “un santo de atar”, ni un místico elevado al quinto cielo. Ellos nos alumbran el camino y escriben, por ejemplo: “Que bien sé yo la fonte que mana y corre / aunque es de noche... / Sé que no puede ser cosa tan bella / y que cielos y tierra beben de ella, / aunque es de noche... / Su claridad nunca es escurecida, / y sé que toda luz de ella es venida, / aunque es de noche...” (Juan de la Cruz ). Dios. Dios, origen y presencia. De la fe y el amor que a Dios le llevan dice el mismo altísimo poeta en otra de sus famosas piezas: “...sin otra luz y guía / sino la que en el corazón ardía. / Aquesta me guiaba / más cierto que la luz del mediodía...”.

Pero no. No está al alcance de todos escalar alturas casi imposibles. Y Dios quiere comunicársenos a todos. El sentido de su presencia en el mundo, en nuestro entorno, en las personas que alcanza nuestra vista, en el interior de cada uno de nosotros es algo a lo que, supongo, llega mucha, mucha gente. Vivir la presencia de Dios, recordarla al menos con alguna frecuencia es básico en una actitud creyente. Presencia no de ceñudo inquisidor, sino de Padre, sabia y protectora. Modestamente lo llevo a la oración partiendo de la bella plantilla del salmo bíblico 139.

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