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Crucifixión. Por esta vez, la muerte no será en el Calvario

La crucifixión no es el suplicio de Jesús únicamente. Los crucificados han sido y son incontables. El poema que ofrezco se escribió en un golpe de conmoción ante la muerte en cruz de Cristo y ante los innumerables crucificados de la historia y de un presente vivo.

El texto es de principios de 1976, recién fallecido el general Franco y en los comienzos convulsos y aún muy inciertos de la transición española. Se podría pensar que todo aquello son ya aguas pasadas. Pero, por desgracia, en el mundo hay un altísimo porcentaje de países en los que se gobierna o desgobierna a sus pueblos con los más bárbaros y (o) refinados procedimientos de las siempre negadas y, sólo hasta donde se puede, disimuladas dictaduras. Una babeante e invasiva información suele ocupar los primeros puestos en el ranking de las torturas del cuerpo y del alma. Los versos van, pues, a Jesús y a todos los millones de “crucificados”.

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