Canto menor a la vida
Haber nacido aquí o allá carece en sí de mayor importancia. Pero qué estrechísimos lazos, qué arraigo seguro nos proporciona a veces pronunciar y revivir un nombre. Soy de... X. Lo más importante es haber llegado a la vida, sea cual se el lugar de origen, y vivir razonablemente contentos con lo que somos y tenemos. Pero a ello ayuda, y cómo, nuestra remota memoria, nuestro yo primero, el anclaje necesario y feliz de nuestra infancia. Allí aparecen unas personas queridas que nos ofrecieron protección y crecimiento. Allí el recuerdo de una casa, unas calles, unos espacios abiertos, un paisaje donde prendieron para siempre las raíces de nuestra vida.
Ser de aquí o de allá es siempre circunstancial. Pero asentarse en un origen determinado, querido, toca regiones muy hondas de nuestro ser.
A la inmensa mayoría de mis lectores el título del poema que sigue no les dirá nada. Es un topónimo relativamente menor de la geografía navarra. Al poeta se lo dice todo. Y lo que sigue al título podrá quizá remover los cimientos de cualquiera que se recuerda y se sabe íntima, cálidamente ligado a su propio origen.