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Seis meses después del varapalo en la visita a Roma para hablar de los seminarios
“Seis meses después de esa visita, la herida entre los obispos no está cerrada. ¿Por qué se ha humillado así al Episcopado español?”. La pregunta la deja en el aire uno de los pastores que, con el resto de la Conferencia Episcopal Española (CEE), participó en la insólita cumbre del pasado 28 de noviembre en el Vaticano con el Papa y los responsables del Dicasterio para el Clero con la finalidad de abordar la situación de los seminarios españoles tras la visita apostólica efectuada en enero y febrero de 2023 por dos obispos uruguayos.
“Temblando… Salimos de allí con un cabreo generalizado de toda la Conferencia Episcopal”, señala ese obispo y han corroborado otras fuentes directas a Religión Digital tras el encuentro con el prefecto y el secretario del organismo vaticano, una vez que concluyó la distendida charla que mantuvieron con Francisco por espacio de cincuenta minutos.
Aunque no pocos de los obispos estaban convencidos de que la convocatoria general a Roma no era tanto por los resultados del informe de la visita apostólica cuanto por la muy criticada gestión de los casos de abusos sexuales en el seno de la Iglesia en España, y se especulaba con un tirón de orejas, Francisco no hizo ninguna alusión a ese asunto y se ciñó a pedir ‘sacerdotes para el mundo y no para la sacristía’.
El varapalo llegó a continuación, ya con Francisco fuera del aula y encerrados los prelados con el prefecto del Dicasterio, el cardenal surcoreano Lazzaro You Heung-sik, y el secretario del mismo, el chileno Andrés Gabriel Ferrada Moreira. “Lo hicieron mal. Nos entregaron un documento sin firma, de 30 páginas y que no conocíamos, que no nos había sido remitido a la Conferencia para su estudio”, señala un obispo.
“Echamos en falta que el secretario, antes de entregarnos el documento, nos hubiera hecho un resumen del mismo o explicado algo, para luego proceder a un diálogo. Pero se puso a leerlo y se fijó casi únicamente en el número de seminarios”, señala la misma fuente, en relación a dos de las cuestiones que han preocupado en Roma incluso antes de efectuarse la visita apostólica: la escasez vocacional y el escaso número de seminaristas por seminario diocesano. Obvia esta fuente lo que otras han relatado también a este portal sobre la lectura que hizo el arzobispo chileno: "Una descripción desastrosa" de la situación de esos centros de formación.
“Esa reunión fue un gran desacierto”, señala con rotundidad la fuente, y cifra la responsabilidad de ello en el secretario más que en el prefecto. “¿Para qué nos hicieron ir a Roma? No hubo en la hora y media que duró la reunión ni tiempo para el diálogo con ellos. Para eso, podría haber venido a la sede de la CEE, reunirnos toda una tarde y abordar el asunto”, zanja, aún irritado.
En este sentido, aquella puesta en escena que no pocos han vivido como una encerrona -sin entrar demasiado a fondo en la substancia del asunto: la crisis de los seminarios españoles-, sirve a algunos obispos para ironizar con las formas: “Se ha hecho con estilo sinodal, ¿no?”.
En este punto, se añade que también "dolió que se ponga un referente apostólico" para liderar el plan de reforma de los seminarios, en alusión al nombramiento del obispo auxiliar de Madrid, Jesús Vidal, por parte del Papa. "¿Qué es un referente apostólico?", se pregunta.
Este ambiente refleja esa cada vez más perceptible sensación de disgusto en la CEE con algunos aspectos del pontificado de Francisco. Y quizás sirva para explicar el trasfondo del porqué, después de esa visita a Roma, algunos obispos salieron a criticar a plena luz disposiciones vaticanas, como el caso de Fiducia supplicans o que se produjeran los ataques de curas ultras contra el Papa en la tertulia de La Sacristía de la Vendée, sólo reconvenidos por sus obispos cuando desde Roma les hicieron tomar realmente cartas en el asunto.
Y también explicaría las razones de que en el Vaticano se palpase el asombro por la actitud de algunos de estos obispos -como Jesús Sanz o José Ignacio Munilla- y el hecho de no querer hacer nada más por miedo a una crisis mayor con un episcopado que, en buna parte, siempre estuvo al ralentí con Francisco.
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