Alguien comete un error de bulto o toma una mala decisión, sin que pueda haber dudas al respecto. Cuando se le reclama, la persona reconoce que sí, que ha hecho eso; pero no solo no admite su evidente error ni pide disculpas, sino que construye un edificio de justificaciones e incluso se enoja y ataca a quien le cuestiona, y acude a una instancia superior para quejarse del supuesto abuso del que es víctima.
Los jóvenes de nuestros puestos de misión que se marchan a Iquitos a estudiar sufren. Pasan de una vida abierta, libre, rural, afectivamente segura y completa a la gran ciudad, anónima, enorme y peligrosa. De pronto se quedan solos y pierden todas sus referencias. En la facultad encuentran dificultades para hacer amigos; y tampoco tienen ya un ámbito donde vivir la fe.
Esta iniciativa, ideada y hecha por ellos, quiere responder a esa necesidad. No sé por dónde discurrirá esta nueva peripecia. Pero estoy seguro de que proviene de la originalidad y el dinamismo de Dios+los jóvenes, me dejo llevar y me dispongo a disfrutar de cuanto de bueno nos depara, y a aprender lo que en este momento me hace falta.
Hay momentos en que me parece que estoy viviendo dentro de una película, uno de esos westerns con despiadados forajidos que campan a sus anchas con total impunidad por territorios lejanos e inhóspitos, donde las pobres gentes sufren las consecuencias de su codicia y su crueldad: asesinato del sheriff, robos masivos, asalto a la diligencia, falsificaciones de documentos...
Un país en llamas, descompuesto, espantado, pero sobre todo pesaroso y agotado. Cansado de la impunidad de sus políticos, de las mentiras, del imperio de los intereses particulares, de la arbitrariedad y el pelotazo. El Perú necesita una esperanza firme, una luz grande, una promesa. Este país no es estéril, el amanecer está en sus hombres y mujeres, ciertamente capaces de forjar un provenir mejor.
El bebé no sabe hablar, pero es la más elocuente Palabra que Dios grita, y hoy más que nunca, en esta tierra: calma, escucha, diálogo; pero también conciencia, integridad, veracidad; comprensión, encuentro, paz. Pero ante todo justicia.
En general hablamos demasiado. Nos propasamos y quedamos expuestos, desprotegidos y rendidos a lo irremediable. Es esencial para el equilibrio y la felicidad saber callar. Entrenar la sobriedad verbal y la prudencia; practicar la raíz cuadrada a todo lo que pugna por salir por nuestra boca, y que proviene de diferentes regiones de nuestro yo consciente e inconsciente
O catástrofe. O despropósito. O descalabro absoluto. Todos estos sustantivos valen para describir la educación en nuestra querida región Loreto, y acaso en todo el Perú. Este desastre viola groseramente el derecho a la educación, comienza a cerrar puertas a las personas ya desde niños, les cercena oportunidades de desarrollo, los arrincona en los márgenes de la desventura y condena a los pueblos, al país entero, a la mediocridad.
Diría que remonta dentro de mí, como un tenue amanecer lento y lejano, la fascinación por este pueblo y su silencio. Es el lugar del Vicariato donde la inculturación verdaderamente se sustanció, es acá que asoma una Iglesia con shungo indígena. Para mí, la posibilidad de realizar el sueño misionero original: vivir como ellos, hablar como ellos, comer como ellos, ser como ellos.
No hicimos nada: cero resultados; no hubo reunión, ni misa, ni bautismos. Pero me he pasado de extensión y me han quedado cosas por contar… Tal vez no hacer nada sea condición para abrir los ojos, prestar atención y conocer para amar. Quizás sean necesarios muchos días como este para que, dentro de veinte años, hayamos descubierto por dónde y cómo caminar juntos.
Un hombre humilde, de abajo, que está con el pueblo, que pertenece a la gente. Un franciscano genuinamente pobre y coherente; un misionero al que hace dieciocho años sobresaltaron proponiéndole ir a un rincón de la Amazonía para ser obispo.
No sé si lo de obispo era para él, al menos no con esa connotación de poder y grandeza que tiene adosada inevitablemente. Pero si se trata de acompañar al pueblo con la cercanía del Buen Pastor; si consiste en escuchar más que hablar, en compartir y no tanto dar, en caminar manchándote los pies con el mismo barro que tus hermanos, entonces pienso que Juan ha sido y es un excelente sucesor de Jesús.
Hombre de entre 30 y 55 años, muchas veces con mujer e hijos, y que ostenta una posición de poder o autoridad, hostiga a una adolescente o joven con el objetivo de tener relaciones sexuales. La sangre me hierve con más virulencia cuando se trata de profesores. Les envían whatsapps a las chicas (algunos los he visto), les piden “ser amigos”, las invitan a salir, a comer algo; les pasan el brazo por el hombro o les tocan la rodilla, la espalda, el pelo; les dan plata, les ofrecen comprarles un celular…
Tal vez no haya definición más rigurosa de la misión como aquello que afecta a tu vida hasta el punto de trastocarla, voltearla, levantarla y enrollarla (Is 38, 12), cambiarla por completo e impelerte a que la entregues entera. La misión la vivo ahora, también, en estas faenas burocráticas; trato de dar lo mejor. No es ninguna aventura apasionante, pero hoy es lo que tengo para compartir.
Por primera vez en mi vida regreso a una ex-parroquia no de paso o anecdóticamente, sino para involucrarme y participar en la misión de otra manera. Es un gusto comprobar cómo procesos que se iniciaron cuando yo estaba no se han estancado, sino que surcan y mejoran. Con su ritmo y estilo propio, que no es necesariamente el que yo habría elegido, pero caminan.
Incluso en los momentos más desesperados, aceptando que no hay salida, se puede reconocer a Dios su bondad y aclamarle por la vida que nos ha dado con toda su belleza, aunque sepamos que está acabándose. Para ello hay que tener mucho temple, gran serenidad… pero ante todo una fe robusta y arraigada en la ternura.
En ese “santo” escuchamos el trasunto sonoro de la fe de Neoyorkina, la melodía del amor que se encarna en el sufrimiento y en las caricias. La vida, como el río, no se detiene. Pero si estamos atentos nos muestra cómo navegar en la olada y cómo sentir la felicidad con el rostro vuelto hacia la lluvia.
El Vicariato siempre ha estado muy comprometido con las pobrezas de nuestra gente, especialmente en el rubro de salud; pero últimamente creo que el interés y el esfuerzo han ido virando hacia “lo específicamente evangelizador”: catequesis, formación de animadores, preparación a los sacramentos.
Asoma acá la patita un equívoco que se ha filtrado en la mentalidad de más de un misionero y agente de pastoral: involucrarnos decididamente en las luchas del pueblo, especialmente de los más vulnerables, no es propiamente evangelizar, sino una especie de yapa para los más “progresistas”.
De nuevo Cuninico, como en 2014 y como todos estos años que han transcurrido, porque el atentado contra la vida y la salud no concluye cuando supuestamente “se limpia” el vertido, recién empieza: el agua queda contaminada, los peces envenenados, las chacras fracasadas. La gente toma esa agua y cocina con ella esos peces y demás alimentos; los moradores se bañan en la quebrada intoxicada, con esa agua lavan su ropa y sus enseres. Por parte del Estado: negligencia, abuso, dejación, irresponsabilidad, delito. Vergüenza.
Kairós es una empresa de apenas cinco años de vida que se dedica a acompañar y asesorar a diócesis, congregaciones y colegios en diferentes rubros: planificación, reajustes internos, calidad, construcciones, asuntos judiciales… Una aventura profesional seguramente inédita que arranca de la creatividad y formación de sus dueños, y solo puede sostenerse sobre una fe fuerte y un profundo amor a la Iglesia.
Con Henry y Mayte mi relación ha evolucionado de la simpatía a la conexión y a la amistad. Realmente nos encontramos a nosotros mismos en las pupilas de quienes nos quieren. Vamos siendo plasmados, durante toda nuestra vida, por el afecto abierto y sólido; por esa ruta intuimos seguridad y saboreamos felicidad.
No sé si los chicos han aprendido algo, pero yo sí, y además estoy seguro de algunas cosas: mis alumnos y yo nos apreciamos; hay que ir más despasito en procesos como este del seminario inter, prepararse con más tiempo; la formación sacerdotal en contexto amazónico debe ser revisada de forma valiente y en línea con el Sínodo.
Son jóvenes, son peruanas y además son monjas de clausura. Y por todo ello ha sido una gozada acompañarlas a conocer el corazón de nuestra tierra extremeña
Hacía años que no iba y me admiré en cada esquina, pero disfruté más todavía viendo sus caras y registrando sus sonrisas en mi álbum de felicidades
Por cierto, cuando en la plegaria eucarística me tocó nombrar al obispo de Toledo, también me pareció algo digno de Stranger things
Don Antonio recibía en Mérida, donde procuraba estar un par de días a la semana. Tenía muy claro que debía estar presente en la sede histórica, y empujó mucho para la creación en 1994 de la nueva archidiócesis, que se llamaría Mérida-Badajoz. Creo que amaba Mérida y lo ha demostrado eligiéndola como última morada.