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"Es urgente comprender el deporte como un camino educativo fundamental para la formación humana"
Los Juegos Olímpicos siempre han sido espacios de pluralidad, solidaridad humana, disciplina y grandeza. Abrazan, en un mismo acontecimiento, los esfuerzos de deportistas, entrenadores, espectadores, organizadores y gobiernos, evitando toda exclusión de raza, lengua, estatus social, religión, aseguraron los obispos mexicanos.
“Manifestamos nuestra profunda alegría ante estos Juegos Olímpicos París 2024 y los reconocemos como una oportunidad para demostrarnos que, como humanidad, es posible vivir dignamente en medio de nuestras diferencias, haciendo a un lado los conflictos y construyendo relaciones de fraternidad, de paz”.
La Conferencia Episcopal mexicanana, aseguró que el deporte es una actividad humana llena de sentido y virtud; donde el ser humano desarrolla y trabaja, a un mismo tiempo, todos sus talentos, tanto físicos como espirituales.
“El deporte conlleva el ejercitarse, prepararse, plantearse metas y fines, en una dinámica de cuidado propio y de los demás competidores. Exige constancia, perseverancia, sabiduría y gracia. No es solamente el dominio, fortaleza y habilidades corporales”.
Señalaron que es una actividad que requiere el manejo positivo y conjunto de nuestras facultades más humanas: la inteligencia, nuestra voluntad y pasiones, la memoria y la imaginación, así como el necesario sentido de la concreción y síntesis.
“Nos unimos, con profunda admiración y respeto, a cada uno de los deportistas mexicanos que participarán en este encuentro deportivo mundial. Les aseguramos nuestra cercanía, cariño y oración”.
Enfatizaron que gracias a todas estas actividades humanas, la persona entra en una dinámica de superación constante y señalaron que el deporte, así como la fe, nos muestra lo dinámico de nuestra vida.
En las Escrituras, el ejemplo de San Pablo es recurrente y muy apropiado. Dice: “He combatido el buen combate, he terminado mi carrera, he guardado lo que depositaron en mis manos. Sólo me queda recibir la corona de toda vida santa con la que me premiará aquel día el Señor” (2 Tim 4, 7-8). Él mismo, añade: “Correr de tal forma que todos puedan alcanzar algo más alto y más duradero que una corona perecedera” (1 Cor. 9, 24-25).
Finalmente, se sumaron al posicionamiento del Papa Francisco, quien aseguraron, ha impulsado fuertemente el deporte, en continuidad con sus antecesores, señalando que: “El deporte tiene también una gran fuerza social, capaz de unir pacíficamente a personas de diversas culturas. Deseo que este evento pueda ser un signo del mundo inclusivo que queremos construir y que los atletas, con su testimonio deportivo, sean mensajeros de paz y modelos válidos para los jóvenes” (Angelus, 21 de julio de 2024).
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