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"Nunca una Iglesia doméstica tuvo más sentido"
Tenemos una oportunidad única como Iglesia de iluminar a la humanidad con una nueva pastoral de la incertidumbre, de la fragilidad, de la inseguridad, del aburrimiento… para que desde ella, se encuentren con ese Dios que no es ajeno a ninguna de esas inquietudes humanas.
Todo parecía funcionar según lo establecido. La boda era “perfecta”. Los sirvientes tenían trabajo, el maestro de ceremonias tenía todo bajo control, los protagonistas disfrutaban del evento sin mesura, los protocolos y tradiciones hasta ahora establecidos se realizaban sin ningún tipo de cuestionamiento. Hasta los mendigos esperaban a las afueras para recoger las sobras sin molestar mucho. Cada uno sabía cuál era su papel y qué lado le había “tocado” en este gran evento. El disfrute reinaba en la atmósfera social y la alegría embriagaba a todos, sin saber lo que podría estar ocurriendo entre cocinas. Da igual. Si puedes hacerlo, debes hacerlo; y hacerlo como si no hubiera un mañana.
Pero de repente el vino se terminó. Y aunque seguía habiendo luz, sus ánimas se llenaron de oscuridad. Los fines de semana ya no eran diferentes, sus días eran monótonos, la libertad como la habían concebido hasta ahora carecía de sentido. Los planes inmediatos se desvanecían… El ritmo de la fiesta se apagaba de repente.
“Haced todo lo que Él os diga”. Dijo aquella mujer. Llenar el vacío de sus tinajas con algo que posibilite el milagro en sus vidas. Así lo hicieron. Y así ocurrió.
Se nos brinda la ocasión histórica como Iglesia de “liderar” una estrategia de contenidos desde nuestra Iglesia familiar, local y universal para que en el “supuesto" vacío actual, otros encuentren un agua que les permita hacerse la verbalización sobre Dios en sus vidas y así, posibilitar el encuentro con ese Dios de Jesús.
Construir contenidos desde su tinaja supone no sólo emitir mensajes, celebraciones, oraciones a través de un nuevo canal online para los nuestros. Supone además atrevernos a construir contenidos que satisfagan esas inquietudes dejando la puerta abierta a la trascendencia. Si no lo hacemos nosotros, lo harán los gimnasios, las plataformas de contenidos, los proveedores de tecnología… dejando también una puerta abierta, pero en este caso, a su suscripción premium de pago. Nunca una Iglesia doméstica tuvo más sentido. Nunca una Iglesia doméstica tuvo que estar más presente fuera de sus casas.
Atrévete a crear con tu actitud algo que entre en ese espacio de encuentro posible desde su debilidad, fragilidad, aburrimiento, monotonía, cotidianidad,… con la clara certeza de que no todo depende de ti, pero sabiendo que el vino está por llegar.
¿De quién se acordará la humanidad después de esta interrupción? ¿Dónde pondrán su atención? ¿La ciencia? ¿La tecnología? ¿El teletrabajo?, ¿La OTAN biológica?… De esta Iglesia llamada a salir depende que sea también de lo Humano, lo Divino.
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