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La zaragozana, misionera y fundadora del centro Ankur Children's Home en la India, acaba de ser reconocida con el Premio 'Pauline Jaricot'
(Iglesia en Aragón).- Ha llegado el Domund, el Domingo Mundial de la Propagación de la Fe, la Jornada Mundial de las Misiones. Bajo el lema «Corazones ardientes, pies en camino”, la Iglesia nos remite a la experiencia vivida por los discípulos de Emaús. Al encontrarme con Jesús en mi vida, al escuchar sus palabras, sus promesas, el corazón se calienta y enardece. No nos podemos guardar tan buena noticia únicamente para nosotros, es necesario compartirla. Nuestros misioneros lo hacen en tierras de misión, allí donde el Evangelio aún no es del todo conocido.
En esta Jornada Mundial, ponemos rostro a esa realidad que desde Aragón se hace presente en el mundo. La misionera Primitiva Vela nos envía su testimonio desde la India, donde acaba de ser reconocida con el Premio “Pauline Jaricot” -fundadora del Domund- por su labor en el centro Ankur Children's Home, fundado por ella misma, y que acoge a niñas de los barrios más pobres de Bombay.
«Me produce algo de timidez pero, por otro lado, es un reconocimiento que me empuja a continuar haciendo lo que mi vida me presenta y exige cada día», nos dice esta hermana de la Caridad de Santa Ana quien asegura que recibe este premio como un homenaje para todos los misioneros y también al mismo Dios que sostiene su misión.
«Cuando me dieron la noticia, me fui a la capilla y le dije al Señor: “Señor, te van a dar un premio”. Y así es como lo estoy viviendo. Si somos capaces de amar, de darnos con todas las consecuencias a los más débiles y pobres en estos países es porque Él nos inspira, nos da la fuerza y nos protege hasta el final», cuenta esta religiosa zaragozana que acaba de cumplir los 78 años. «Ya noto bastante mi flojera biológica pero cada día asumo el reto al que me invita el momento presente: vivir con intensidad mi dimensión trascendente en la búsqueda del sentido, tal como estoy».
"Cuando me dieron la noticia, me fui a la capilla y le dije al Señor: 'Señor, te van a dar un premio'. Y así es como lo estoy viviendo"
En la casa donde atienden a diario a cientos de niñas, niños y familias conviven diez hermanas, todas indias, salvo la hermana Primi, como la llama todo el mundo. «La trama ordinaria de mi vida está tejida de pequeños deberes, de ocupaciones y preocupaciones corrientes, de quehaceres monótonos pero que están dando sentido a mi vida. Damos esperanza y amor a personas muy necesitadas a las que amamos, servimos y tratamos de liberar de su pobreza».
Palabras llenas de humildad que esconden un trabajo casi sobrehumano en la periferia de Bombay: dos centros para 200 niñas y 60 niños vulnerables; una guardería para niños de familias migrantes que llegan en busca de trabajo; y un dispensario móvil que ofrece servicio a cuatro zonas de chabolas. Cada mañana se da desayuno a niños muy pobres y se distribuyen alimentos básicos como arroz, aceite, harina, galletas o jabón a cientos de familias. También hay un servicio de ayuda a viudas ya mayores que viven en una situación precaria. «Todos los pobres sacuden nuestra conciencia y nos empujan hacia la conversión, hacia una vida más austera, más agradecida, más solidaria. Y esto lo podemos hacer con la ayuda de cooperadores de España con quienes formamos una gran familia», recuerda la hermana Primi.
Pero estos 52 años en la India han sido también un aprendizaje para esta misionera, que mira agradecida su paso por este país lleno de contrastes. «La India enseña valores: en su pobreza, compasión; en su cultura milenaria, sed de conocimiento; en su filosofía del “ahora”, capacidad de vivir a fondo el presente; en su espiritualidad y en sus calles superpobladas, que todos somos uno y que nuestro destino es común: los brazos de un Dios que nos ama».
La hermana Primitiva Vela se despide recordándonos que «todos somos misioneros. De hecho, cada ser humano está siempre en Misión: construir el Reino de Dios, la misión de embellecer el mundo desplegando todos los valores que Dios nos ha dado basados en el amor. Viviendo el espíritu del Domund, nuestra vida es solo amor y gratuidad».
"La India enseña valores: en su pobreza, compasión; en su cultura milenaria, sed de conocimiento; en su filosofía del “ahora”, capacidad de vivir a fondo el presente; en su espiritualidad y en sus calles superpobladas, que todos somos uno y que nuestro destino es común: los brazos de un Dios que nos ama"
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