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"Esperanza ¿por dónde andas? Agudicemos nuestros sentidos, permanezcamos a la escucha… que la podamos rastrear y percibir su aroma en estos días". Así finalizaba el discurso de bienvenida de Jesús Díaz Sariego, OP, y Lourdes Perramon, OSR, presidente y vicepresidente de la CONFER en la apertura de su 31 Asamblea General.
Una asamblea marcada por la muerte de Francisco y la asunción al solio pontificio de León XIV, para los que los responsables de la vida consagrada en España tuvieron palabras de afecto y esperanza. "Queremos expresar nuestro más profundo agradecimiento al Papa Francisco y a su pontificado", subrayaron.
"El Papa Francisco «nos ha despertado al mundo», lugar donde Dios se sigue encarnando y nos ha acompañado, especialmente a la vida religiosa, con gran sabiduría profética", glosó la presidencia de CONFER, que agradeció "su servicio a la Iglesia, como sucesor de Pedro; su valentía a la hora de iniciar nuevos procesos que nos permitan como Iglesia seguir siendo peregrinos de esperanza". Un rotundo aplauso resonó en toda la sala.
Al tiempo, "expresamos nuestra felicitación y agradecimiento al papa León XIV en el inicio de su pontificado". "La vida consagrada reafirmamos nuestra comunión con el nuevo sucesor de Pedro y con toda la Iglesia. Al papa León, al igual que lo fuera Francisco, lo sentimos especialmente cercano desde su condición de religioso y también por su experiencia como Superior Mayor", incidieron Perramón y Díaz Sariego. "Su disponibilidad y servicio nos invita a asumir con valentía y audacia la responsabilidad de ofrecer al conjunto de la Iglesia el don de cada uno de nuestros carismas, para seguir construyendo juntos desde el servicio a los hombres y mujeres de nuestro mundo, especialmente a los más vulnerables y necesitados".
También, en el marco del Jubileo, que "las congregaciones queremos vivir renovando nuestro compromiso" con la esperanza, "un don que renueva cada uno de nuestros carismas". Precisamente, la esperanza es el leit motiv de estas jornadas, que buscan "hacernos preguntas y buscar juntos las respuestas, no tanto de forma teórica o esperando que nos vengan de afuera las respuestas".
En un discurso leído al unísono, el dominico y la oblata se guiaron por los discípulos de Emaús, y su frustración tras la muerte de Jesús ."Se sienten desconcertados, durante el camino muchas preguntas sin respuesta. Pero el ser capaces de expresar, compartir y dialogar sobre su experiencia de derrota, les permite cambiar la mirada, reconocer la presencia del resucitado y ahí renacer a la esperanza".
Los de Emaús, clamaron, "se implicaron en su propio discernimiento; confiaron en su diálogo y se apoyaron mutuamente". "No se quedaron inmóviles, supieron reaccionar a tiempo. Lo hicieron en movimiento, en peregrinación, en camino", subrayaron. "Nosotros, superiores mayores, somos ahora esos discípulos de Emaús que van de camino, a veces entre lamentos y otras abriendo procesos en las Congregaciones para asegurar que el Evangelio se siga predicando y encarnado. No estamos solos".
Una CONFER que, admitieron, "ha de seguir evolucionando para que pueda servir mejor a los nuevos desafíos que van surgiendo en la vida religiosa". Porque, subrayaron, "estamos asistiendo a importantes cambios en el conjunto de las Congregaciones y en la realidad, que a todos y todas nos conciernen", sabiendo, como apuntaba el Papa Francisco (muy presente en los discursos, y las conversaciones de hoy), "nadie se salva solo".
"La CONFER, por tanto, necesita en este momento tan trascendental su propia renovación para responder mejor a las demandas reales de la vida consagrada en España", subrayaron los líderes de la vida religiosa en España. "Surgen nuevos desafíos y necesidades que requieren otras dinámicas de funcionamiento. Hemos de pensarlo juntos y en comunión. Estamos viviendo, como vida religiosa, otro momento histórico que debemos afrontar con serenidad y confianza en el Señor", compartiendo los talentos.
Porque "nuestra esperanza es saber que Jesús no dejará de volver a confiarnos sus talentos, una y otra vez, para aliviar sufrimiento, para ayudar a incrementar la cantidad de amor en este mundo, para alentar a vivir. Que los miedos, que los tenemos, y que la incertidumbre, que nos saluda a cada paso, no nos impidan trenzar nuestras cuerdas, tejer con ellas redes y alianzas que cuidan, reparan, nutren y embellecen vidas; y poder conversar unos con otros mientras vamos de camino cómo vivimos, cuáles son nuestros sueños, y quiénes nos mantienen agradecidos hasta el final”.
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