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"¡Lo principal es no dejar que el maligno nos robe la esperanza!"
El papa Francisco recibió este lunes 17 de octubre, a un centenar de participantes en el capítulo general de la Orden Cisterciense de la Común Observancia, a los que animó a seguir a Cristo “en un espíritu de comunión, apertura y apreciación de la diversidad cultural”.
¿Cómo entender la “observancia común” propia de esta rama de la familia cisterciense? Más allá del significado histórico y carismático, la expresión puede hacer pensar en “comunión”, indicó Francisco al inicio de la audiencia. La comunión es una “realidad fundamental que nos constituye como Iglesia y es por tanto una invitación a “caminar juntos detrás del Señor Jesús”, recordó el Santo Padre.
“Observar al Señor”, explicó Francisco, jugando con las palabras, en comunidad, cada uno con su ritmo y su historia, “pero juntos”, como lo hicieron en su tiempo los apóstoles. “Como somos, no perfectos, no uniformes, pero involucrados, convocados” detrás del Maestro.
Esta “observancia común” de Cristo exige un deseo y una disponibilidad siempre vigorosos, aclaró.
Luego, el Papa animó a los monjes y monjas a vivir su compromiso de conversión pasando “de un 'yo' cerrado a un 'yo' abierto, para encontrar al otro. Se trata de ser una comunidad literalmente “extrovertida”, “acogedora y misionera”, y no autorreferencial.
“Este es el movimiento que el Espíritu Santo siempre busca imprimir en la Iglesia, explicó, obrando en cada uno de sus miembros y en cada una de sus comunidades e instituciones”. “No hay comunión sin conversión y, por tanto, ésta es necesariamente fruto de la cruz de Cristo y de la acción del Espíritu, tanto individualmente como en la comunidad”.
Finalmente, Francisco les agradeció “el compromiso con el que cooperan en el esfuerzo que toda la Iglesia está haciendo en este sentido en todas las comunidades particulares: hoy la experiencia del encuentro con la diversidad es un signo de los tiempos”, añadió.
Para terminar, el Papa dijo que le gustaría animarlos en otro aspecto, que es el propósito de una mayor pobreza, tanto en el espíritu como en los bienes, para estar más disponibles al Señor, con todas sus fuerzas, debilidades y frutos que Él les da. Por tanto, alabamos a Dios por todo, por la vejez y la juventud, por la enfermedad y por la buena salud, por las comunidades de "otoño" y "primavera". ¡Lo principal es no dejar que el maligno nos robe la esperanza!".
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