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Algunos familiares se presentaron en el convento para llevarse a sus parientes
Son cinco monjas ancianas dependientes, alguna de cien años de edad, y las únicas que siguen siendo católicas tras la excomunión, el 22 de junio, del resto de las que hasta entonces formaban la comunidad de clarisas del convento de Belorado. Y ahora, una vez que el Arzobispado de Burgos acaba de interponer la denuncia para iniciar el proceso de desahucio de las nueve exreligiosas que decidieron romper unilateralmente con la Iglesia católica el 13 de mayo, se han convertido en "la absoluta prioridad" para esa institución, según ha sabido El Confidencial.
Lo reconocía de manera explícita la nota publicada el 16 de septiembre, cuando la oficina del arzobispo y comisario pontificio Mario Iceta, nombrado por el Papa para deshacer este entuerto, daba cuenta de la interposición de la demanda en un juzgado de Briviesca: "La Comisión Gestora manifiesta su preocupación por el estado de salud y el cuidado de las cinco hermanas mayores, que conforman la comunidad monástica, y está preparada para atender cuanto antes todas las necesidades que precisen, con la colaboración de la Federación de Clarisas Nuestra Señora de Aránzazu y de sus familiares".
Unos familiares que asisten "muy preocupados" a la vorágine en que se ha convertido la vida en este histórico monasterio, lejos de la quietud que se supone a quienes han optado voluntariamente por una vida en retiro y que en los últimos cuatro meses discurre en una montaña rusa de sensaciones y vivencias, con cismas, denuncias, abandonos por desavenencias internas, desembarco de curas y obispos fake, embargos de Hacienda, reclamaciones de proveedores por impagos de facturas o un proceso por desahucio que puede acabar con la Guardia Civil entrando en la clausura…
Cinco monjas, un tercio de la actual comunidad, que se mantienen fieles a Roma –"la comunidad monástica", como las considera el Arzobispado y, por tanto, las únicas con derecho a permanecer en sus instalaciones– pero cuya atención espiritual, en cuanto a que siguen siendo monjas católicas, "no se está atendiendo", según subrayan las fuentes consultadas. No dudan estas de que reciben la atención y cuidados físicos y médicos necesarios, que para eso –destacan en el entorno de la Comisión Gestora– pagan los sueldos de las cuidadoras y demás gastos para su bienestar, como un audífono de 4.000 euros para una de las ancianas.
El motivo de la preocupación es que estas monjas –algunas con más de 80 años de vida en ese convento, siguiendo la regla de la Orden de Santa Clara– llevan más de cuatro meses, desde que se produjo el cisma, sin recibir la atención católica que vienen recibiendo desde que optaron por esta vocación.
"Para unas religiosas, la vida espiritual es central, esencial: que tengan misa, que tengan acceso a la comunión, que tengan confesión… Y que en los últimos años de su vida no se las atienda espiritualmente, y encima sin saber que las restantes miembros de la comunidad ya no son monjas católicas, es un escándalo", señalan las fuentes, en alusión a su delicado estado de salud y al “desfile” de curas y obispos sedevacantistas y cismáticos a los que han recurrido las excomulgadas, lideradas por la exabadesa Laura García de Viedma. "Si nos dejaran entrar, enviaríamos a un capellán católico para que las atendiera espiritualmente y les celebrase la misa. Y otras monjas clarisas irían a ocuparse de las mayores… Pero no nos dejan entrar", se lamentan.
Esta inquietud es compartida por los familiares de estas religiosas, "que están muy preocupados, porque su estado es delicado, algunas con signos de senilidad". "Algún familiar se presentó a las puertas del convento con un taxi adaptado para el transporte de personas con movilidad reducida con la idea de sacar de allí a su pariente, pero no le dejaron llevársela de allí".
Y se quejan también los familiares de que, cuando van a visitarlas, las cismáticas no los dejan a solas en ningún momento con las monjas mayores y los escoltan hasta la enfermería...
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