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Rufino García Antón, capellán del centro de internamiento, comparte su experiencia
(Archimadrid).- El arzobispo de Madrid, cardenal José Cobo, ofreció, en un vídeo compartido en redes sociales, tres claves para vivir la Semana Santa: adoración y contemplación, implicación y actualización y acortar la pasión y los viacrucis que hay a nuestro alrededor. Y esto es lo que ha hecho Rufino García Antón que ha compartido su experiencia de Semana Santa en el CIE de Aluche donde es el capellán. En el Centro de Internamiento para Extranjeros la Semana Santa tuvo tres momentos fundamentales: el Domingo de Ramos, el Jueves Santo y el Domingo de Pascua.
«En cuanto a la primera clave, siempre recuerdo, cuando voy los jueves a escuchar a quienes quieren hablar conmigo y los domingos a celebrar la Eucaristía, el episodio de la zarza ardiendo y cómo Dios le dice a Moisés que se descalce, porque el sitio que pisa es terreno sagrado (Ex 3, 2-5). No es que el CIE como espacio físico sea un sitio sagrado, más bien al contrario, porque allí las personas están encerradas en contra de su voluntad, pero, precisamente por eso, estas personas encarnan el rostro vivo y sufriente de Cristo hoy y para acercarse a ellas hay que desnudarse y descalzarse interiormente», subraya el capellán.
En cuanto a la segunda clave, la de la implicación y la actualización, Rufino García remarca que «la hemos vivido las personas internas y yo en la celebración de la entrada de Jesús en Jerusalén y en la lectura de la Pasión el Domingo de Ramos, en la celebración de la Última Cena de Jesús y en el lavatorio de los pies el Jueves Santo y en la celebración de la Resurrección de Jesús el Domingo de Pascua».
Han sido unas celebraciones «densas e intensas, con sabor a cenáculo y catacumba, en las que, con la sencillez de un ramo de olivo, la humildad de la palangana y la toalla y un sobrio gesto de la paz hemos resaltado la entrada de Jesús en Jerusalén, el amor hecho servicio y la paz que nos trae el Resucitado».
Y la mesa del altar tenía lo imprescindible: un icono de María, una cruz modesta, una vela, el pan y el vino y la Biblia. «Hemos participado en torno a unas veinticinco personas (el Jueves Santo algunas menos) y hemos vivido unas celebraciones verdaderamente actualizadas, porque las personas que hemos estado en ellas no hemos tenido que hacer ningún esfuerzo para actualizarlas; allí se encontraba Jesucristo en medio de nosotros, compartiendo y haciendo suyas nuestra fragilidad, nuestra incertidumbre y nuestra esperanza, sí, nuestra esperanza también».
«Impresionaba contemplar los rostros atentos, doloridos, dignos y agradecidos de quienes están privados de la libertad exterior, pero poseen los dones más preciados de la fe y de la confianza en Dios y del agradecimiento a quienes, modestamente, intentamos aliviar su sufrimiento. Si tuviera que destacar el gesto que más profundamente me ha impresionado durante estos días, este gesto se realizó el Jueves Santo cuando, por iniciativa de una de las personas participantes en la celebración, no solo les lavé yo los pies a quienes lo desearon, sino que una de ellas me los lavó a mí también. Sin comentarios», recuerda el capellán del CIE de Aluche.
Por último, y recordando la tercera clave, la de acortar la pasión y los viacrucis que hay a nuestro alrededor, Rufino subraya que se realizó durante estos días en el CIE «por el propio dinamismo transformador de lo vivido y celebrado y es una tarea que estamos llamados a seguir realizando quienes, de una u otra forma, contribuimos a aliviar el dolor y el sufrimiento de quienes padecen una situación de indefensión e incertidumbre, producto de un sistema injusto que construye vallas, muros y centros de internamiento y es una llamada a aplicarnos en la tarea de construir puentes y espacios de encuentro y de libertad. Es, por tanto, una tarea de acortar la pasión y los viacrucis y, a la vez, de vivir en la dinámica de la Resurrección».
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