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Homilía en el funeral de Toni Catalá
Dicen las normas litúrgicas que en la homilía de un funeral el sacerdote debe hablar del evangelio y no convertirla en un elogio de la persona fallecida. En el caso de Toni no existe esa alternativa, porque hablar de Toni, de su persona y de su vida, es hablar de evangelio y de esperanza.
Toni ha sido una persona entrañable: alguien que quería a las personas y que se hacía querer por todos quienes hemos tenido la suerte de conocerle y convivir con él. He dicho que Toni era “entrañable”: es el mismo adjetivo que él aplicaba con frecuencia a ese Jesús compasivo, su amigo y su referencia, al que se le conmovían las entrañas ante el sufrimiento de la gente. Toni también era entrañable y compasivo.
Toni ha sido siempre una persona fiel a sus raíces: su familia, su cultura familiar, su pueblo, la lengua materna… Con ese sentido del humor, cargado de ironía amable, tan valenciano… También cocinero de buenas paellas dominicales para la comunidad… Estudió aquí, en esta Escuelas, en sus aulas y talleres, en aquellos años sesenta en que las Escuelas eran un centro de formación profesional y también de compromiso obrero y social.
En su biografía humana y espiritual hay tres amores que le han definido como persona, como jesuita y como creyente.
El primero de ellos se fraguó en Nazaret de Alicante, un centro que la Compañía de Jesús tiene para esos que llamamos “menores de la calle”: pequeños, pobres y olvidados, hijos de tragedias, desprecios e injusticias. Allí estuvo Toni muchos años en varias etapas de su vida y en distintas tareas: educador, tutor, coordinador…: diversas tareas pero un mismo compromiso.
Allí aprendió a amar a los pequeños, a los pobres, a los marginados de la sociedad y allí descubrió que ellos son también los preferidos, los primeros en el amor de Dios. En ese compromiso con los pobres, a veces tan difícil y duro, a veces tan exiguo en éxitos, recompensas o satisfacciones, empezó a desgastarse ese corazón que se rompió, de modo definitivo el domingo pasado. Empezó Toni a incorporar a su vocabulario palabras que nunca ha dejado de utilizar y en las que ha ido profundizando: compasión, incondicionalidad, justicia, misericordia… Nazaret, los pobres de Nazaret, le proporcionaron a Toni algo que ha sido fundamental en su vida y en su tarea apostólica: una clave para acercarse, entender y compartir el evangelio y al Jesús del evangelio. Descubrió para siempre que no se puede hablar de Dios olvidando el sufrimiento humano.
El segundo gran amor de Toni ha sido la Compañía de Jesús y la espiritualidad ignaciana, de la que ha sido un verdadero maestro. Un amor que comenzó a partir de su entrada en el noviciado pero que tuvo un lugar y una ocasión determinantes. El lugar: Manresa, el lugar santo para los jesuitas desde que San Ignacio pasó por él; el momento, el mes de Ejercicios de la Tercera Probación, al final de nuestro proceso de formación. Allí Toni tuvo también su experiencia mística: entró en el alma de los Ejercicios y los Ejercicios entraron en su alma.
El carisma de Toni para ayudar a otros mediante los Ejercicios Espirituales de San Ignacio ha sido excepcional. Yo no he conocido a nadie con tanta capacidad de vincular los Ejercicios a la vida cotidiana y concreta y con tanta capacidad de leer la vida desde los Ejercicios. Un carisma que ha desplegado dando centenares de tandas de Ejercicios a todo tipo de personas en España y en América. Sus últimas actividades antes de dejarnos han sido dar el mes de Ejercicios en Loyola y una tanda a los Hermanos de San Juan de Dios en Barcelona. Y aquí en nuestra diócesis recordábamos hace poco los dos con cariño y agradecimiento los Ejercicios a los seminaristas que dio el pasado mes de marzo. Para muchas personas los Ejercicios con Toni han sido una experiencia decisiva en su vida.
Y el tercer amor, pero el central y determinante y cada vez más hondo, ha sido Jesús. Un Jesús amado con pasión, estudiado con profundidad y anunciado por Toni con una sencillez y una calidez que sólo son posibles cuando se habla de alguien a quien conoces íntimamente, con quien compartes día a día alegrías y sufrimientos y en cuyo amor encuentras el sentido de tu persona y de tu vida.
No se puede hablar de Jesús como hablaba Toni si no se habla desde un corazón enamorado; por eso, muchas personas confesaban que habían redescubierto y reencontrado a Jesús escuchando a Toni. De Jesús decían las primeras comunidades cristianas que era alguien que “pasó haciendo el bien”; innumerables testimonios que nos han llegado estos días también hablan de Toni como de alguien que pasó haciendo el bien, mucho bien.
Poco a poco, en un proceso que lleva toda la vida, Toni ha ido entrando en comunión de vida con Jesús, con el Jesús humano en su cercanía y divino en su misericordia. Ahora esa comunión ha llegado ya a plenitud. Es ahora el momento en el que Toni experimenta la verdad de eso que tantas veces él nos dijo: que la muerte no tiene la última palabra.
Hasta que nos volvamos a encontrar, Toni. Gracias, Toni.
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