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Las carmelitas de Arlington, tras pasarse a la FSSPX, crean una fundación para transferir los fondos
Un año antes de que la exabadesa del convento de La Bretonera, en Belorado, oficializase la espantada de la Iglesia católica con el pintoresco Manifiesto Católico redactado por un obispo fake y sedevacantista, las hermanas carmelitas de un convento en Arlington (Texas, Estados Unidos) ya traían de cabeza a su obispo y estaban acabando con la paciencia del Vaticano.
Un año después, las excomugadas del cenobio burgalés puesto bajo la autoridad del arzobispo Mario Iceta, cercadas por Hacienda y ninguneadas por el Ministerio del Interior, están en un atolladero del que sólo se saldrá con dolor o arrepentimiento, salvo que persistan, como las carmelitas tejanas, en su huida hacia delante.
Tras un período de serias desavenencias con el obispo de la diócesis de Fort Worth, las carmelitas del monasterio de la Santísima Trinidad decidieron romper amarras y pasarse hace unas semanas a la Fraternidad Sacerdotal San Pío X, una congregación tradicionalista fundada en su día por el cismático Marcel Lefebvre, suspendido a divinis en 1976 por Pablo VI.
Y lo hicieron -como en el caso de las exclarisas de Belorado-, ignorando la autoridad de quien el Vaticano ha puesto al frente de su supervisión, la Madre María de la Encarnación, una vez que lograron desembarazarse del control del obispo -al que interpusieron una denuncia por robo de material informático y difusión de su contenido.
No contentas con pasarse a los lefebvrianos, ahora las monjas rebeldes estadounidenses habrían creado la fundación "Amigos de las Monjas Carmelitas Descalzas de Arlington", una fundación de derecho privado para transferir los bienes -muebles e inmuebles- de su monasterio en beneficio de la comunidad resultante. ¿Les suena?
Es el nuevo capítulo, ofrecido por la cadena de televisión CBS News -y recogido por Katholisch-, de un enfrentamiento de una monja y su obispo, cuando éste se puso a investigar unas denuncias y -apropiándose para ello del móvil de la superiora y un ordenador de la comunidad- encontró las pruebas de las relaciones sexuales entre la religiosa y un sacerdote llegado de otra diócesis.
A partir de ahí, el enfrentamiento entre ambos ya no tuvo cuartel, acabó dividiendo a la propia diócesis y entrando la comunidad religiosa en una deriva que no parece aventurar un final feliz y sí mucho sufrimiento e incredulidad.
Claro que mientras se producen estos llamativos y mediáticos episodios que abundan en el desencuentro y la falta de comunicación, algunas voces en la Iglesia se empiezan a preguntar ya si, previamente, no habría habido ya graves problemas de comunicación entre los pastores y las comunidades religiosas. O de falta de comunicación…
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