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(Flama).- Como dos primos que se reencuentran durante las vacaciones de verano y aprovechan para hablar de sus intimidades y contar chistes, Alfons Gea y Cristóbal López (los dos, hijos de Trinidad y Reyes Romero, respectivamente, dos hermanas nacidas en la población andaluza de Vélez-Rubio, desde donde emigraron a Badalona) volvieron a compartir vivencias familiares el pasado domingo 24 de agosto en Sabadell.
El primero, rector de la parroquia de Sant Vicenç de Jonqueres y, el segundo, cardenal y arzobispo de Rabat, se llevan 6 años de diferencia —”él es más grande que yo, pero tiene una salud más fuerte que la mía”, señala Gea— y, “a pesar de que los dos tenemos caracteres diferentes”, admite, son dos de los diez primos con el apellido Romero que mejor se entienden.
Pero este reencuentro estival de los Romero (“convocado dos semanas antes por Cristóbal, el único de todos nosotros que tiene la capacidad innata de hacernos coincidir en un lugar y el mismo día”) tuvo un sabor de postcónclave que no había tenido ninguna otra cita familiar hasta entonces: “Tanto en la eucaristía que quise que presidiera en mi parroquia, donde ya es conocido por todos, como en la posterior comida familiar, mi primo no se libró de responder preguntas sobre lo que pasó en la Capilla Sixtina”, sostiene.
“Con una gran habilidad de responder a todo el mundo sin decir lo que no se puede decir”, indica Alfons Gea, “mi primo ha sabido llevar la situación de estar en el centro de todas las miradas con naturalidad y alegría, antes y después del cónclave, del que, con mucha convicción, no quería salir como pontífice”. De hecho, un destino diferente “habría gustado a todos, por supuesto, pero nos habría privado de tenerlo, como este domingo, en Sabadell“, afirma el cura, quien durante su trayecto religioso tuvo contacto con la orden franciscana.
Y de tenerlo, por ejemplo, conversando sobre las sandalias que llevaba este domingo en el jardín de la iglesia vallesana (“se dio cuenta de que los dos llevábamos las mismas, y nos las comparábamos como dos niños pequeños”, destaca entre risas Alfons Gea); sobre los ponchos que tanto a López como a Gea les gusta lucir en sus paseos, y sobre la anécdota de los zapatos que llevó durante su investidura como cardenal, por parte del papa Francisco, el 5 de octubre de 2019: “Antes de empezar la ceremonia, lo recibimos en la plaza de San Pedro del Vaticano, y ya llevaba los zapatos nuevos que su hermana Rosa le había llevado de Sabadell; desde la Santa Sede, le habían dicho que con las que quería llevar no podía participar“.
“Ahora, en Marruecos, ya tiene ganas de concluir esta misión que le ha encomendado la Iglesia”, sentencia el primo del cardenal, “para continuar impulsando proyectos desde la orden de los salesianos”. Unos trabajos que López tiene la convicción de poner en marcha más cerca de su casa, “la tierra que nos acogió a todos cuando emigramos”, según Gea, mientras recupera el tiempo perdido con primos y familiares más próximos.
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