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El presidente de los obispos italianos, a L'Osservatore romano: “No podemos limitarnos a repetir las lecciones del pasado"
Comunicar el amor, y no solo la ley, y hacerlo sin dar garrotazos. Esa la demanda que el cardenal de Bolonia hace a través de las páginas de L’Osservatore Romano en una amplia entrevista en la que el también recientemente elegido nuevo presidente de los obispos italianos desliza reflexiones sobre la reflexión ética actual.
“Debemos tener siempre una actitud acogedora y sin prejuicios, mientras que a menudo se nos identifica como personas que juzgan a priori, incluso cuando quizás no lo hacemos”, señala Matteo Zuppi. Pero ¿a qué se debe esa imagen que se tiene de la Iglesia y de los obispos? “En primer lugar porque, admitámoslo, con demasiada frecuencia tenemos una obsesión por juzgar, porque sentimos que no estaríamos cumpliendo nuestro papel si no lo hiciéramos”.
“Hay un celo dentro de nosotros para defender las trincheras de la verdad. Pensamos que esta es nuestra tarea esencial y que esto significa seguir el evangelio. Pero no es así. Porque ciertamente el Evangelio es la verdad, pero es muy diferente de la actitud farisaica, que comunica la ley, mientras que el Evangelio nos pide que comuniquemos el amor”.
De ahí que el cardenal de Bolonia asegure acto seguido que “decirte la ley es condenarte. No podemos utilizar el Evangelio como un garrote. La misericordia, la escucha desprejuiciada, la atención pastoral no ceden”, apunta Zuppi, consciente también de que “existe el riesgo de perseguir las filosofías del mundo”, aunque frente a quienes postulan estas, “la distinción es muy clara: ellos exaltan el ‘yo’, nosotros razonamos sólo en términos de ‘nosotros’”.
En este sentido, también sostuvo que “en cuestiones éticas no podemos limitarnos a repetir las lecciones del pasado, sino que debemos encontrar palabras nuevas para cuestiones nuevas”.
Al igual que antes, también acotó esa aseveración asegurando que “si en cuestiones éticas el mundo va por otro lado, significa ciertamente que no debemos homologarnos ni decir lo que el mundo quiere oír, sino saber decir las verdades de siempre en la cultura o las categorías de hoy”.
“Este es el reto -añadió- y es cualquier cosa menos ceder, pero recordó lo que en su día dijeran “Pablo VI y Don Primo Mazzolari: muchos están lejos y el problema no son ellos, ¡somos nosotros! Hay en ellos una demanda, implícita, de una Iglesia más evangélica, más maternal y por ello exigente y envolvente, que no haga de madrastra y diga: ‘te lo dije’”.
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